«Lo bueno es enemigo de lo perfecto», dijo ella mientras yo miraba hacia la luz enceguecedora con la boca abierta y la sensación de ahogamiento propia de los consultorios odontológicos.
Habíamos estado discutiendo el innegable hecho de que hoy en día la mujer dejó de ser la que escoge al hombre y que, más bien, ante tanta escasez de especímenes que valieran la pena, eran ellos los que tenían no una, sino dos o más opciones para ver con quién se quedaban: a qué mujer escogerían.
Entre el sonido de la fresa y la imposibilidad de respirar cómodamente, empecé a pensar que vivimos en una época triste.
«¡Mejor!», dirán muchos hombres. «¡Quedémonos con todas!» «¿Y si todas nos quieren, por qué no?».
Desde aquí puedo escuchar los «¿Tienes alguna idea de lo difícil que es encontrar una mujer que nos valore de verdad y con la que queramos tener sexo?».
(Pausa para explicar que la zona de amigas es tan grande hoy en día, que la aclaración sobre el sexo sí que viene al caso. Sí. Yo también me he lanzado a la zona de amigas para protegerme antes de que el tipo me mande allá. Sí. Yo también he mandado a los feos a la zona de amigos. Sí. Soy lo peor. Sí. Iré al infierno. Y sí. Tampoco me creo el cuento de la amistad genuina, pura y perfecta entre un hombre y una mujer solteros... pero ese es otro tema).
Me alegro por ustedes, chicos. En serio. Qué bien que ya no tengan que pagar todas las cuentas, ser los que inician siempre las conversaciones online o hacerse los que no pueden llorar. Todo eso me parece hasta aceptable. ¿Pero, saben qué? Tarde o temprano tendrán que escoger.
Y para su desgracia, y saben que así es, la mayoría de las veces escogerán a la persona que no los trate bien. Lo sé porque, desde que sus madres les negaron el pecho, empezaron a creer que el rechazo era sinónimo de amor. Lo sé porque, entre otras cosas, es el patrón de comportamiento con el que tengo que lidiar en esta vida: no saber decir sí (unas veces porque me da pereza correr detrás del tipo, otras por mi excesivo orgullo y otras porque cuando me gusta mucho alguien me vuelvo bipolar y termino diciendo que no, tal vez para probarme un punto y es que no estoy para cobardes que huyen la primera vez que los ignoro... Después sufro y digo que soy una inmadura por ponerle trampas inexistentes al amor... y luego me acepto como inmadura emocionalmente, para volver a mi constante y aburrida vida en la que sueño que los tipos me adoran y no pueden vivir sin mí. Pero shhhh).
Pero, para mi desgracia, parece que que hay algo aún más atrayente que la palabra «No» y es no hacer nada.
Volviendo a mi interesante vida, (Ouch! la fresa me acaba de tocar un nervio) cada cierto tiempo aparecen los tipos extrovertidos —vestigios de los últimos alfa—, detrás de los cuales yo no hago fila (como S, como C, como J, como T, como F...) que un día me ven feliz haciendo nada y no pueden resistir la tentación de tirarme migajas a ver cómo reacciono.
Siempre es lo mismo. Uno está tranquilo y «les pica». En mi caso este modus operandi masculino es casi como una materia que no he entendido y que siempre me toca repetir con diferente profesor... El problema es que, una vez que mata el tigre, el profe se asusta con el cuero porque yo termino respondiendo con sarcasmo y pocos hombres hoy en día saben cómo lidiar con una alfa.
Y entonces uno quisiera cometer el peor suicidio emocional de todos: mirarlo a los ojos, gritar «¡Jerónimoooooooo!» mentalmente y decirle:
«¿Sabes qué? Cero y van dos (o mil) veces que tienes la oportunidad de elegirme y no lo haces».
O incluso algo un poco menos sangriento como lo que acabo de leer por ahí:
«"Solo quiero a alguien que nunca deje de elegirme". Si sigues eligiendo a las mujeres que crees que podrás dominar, terminarás siendo tú el lastimado, especialmente si son del tipo Sprite, maestras del disfraz de solapadas».
Pero eso nunca pasa.
Está bien. Acepto que mis fracasos sentimentales se deben a que no puedo fingir ser una mujer común y muestro muy pronto lo alfa que soy. Entonces tengo que quedarme con los beta que tienen cero iniciativa (vuelve y suena la fresa de fondo) o esperar a que llegue un alfa con dos dedos de frente y que no se asuste porque me falta la muela del juicio... y esperemos que pueda tolerar sus defectos porque «De lo bueno, bueno... no dan tanto» o en otras palabras, «Lo bueno es enemigo de lo perfecto».
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domingo, 6 de abril de 2014
viernes, 8 de febrero de 2013
La maldita palabra (Soundtrack edition)
Citándome a mí misma (¿qué tal ese ego? ¿ah?) he de decir: «Definitivamente esta palabra nos cagó la vida a las mujeres: “intensidad”».
«Usted es una intensa», «no haga esto o aquello porque va a parecer intensa», «qué pereza
Fulana, qué vieja tan intensa» y la peor de todas: «¿será que soy muy intensa?».
No digo que no las haya y no digo que así las quieran ellos… solo digo que no hay peor etiqueta que la autoimpuesta o que aquella que nos niega algún derecho.
¿Y qué derecho me quita el que me digan intensa?
Ninguno.
Ninguno, sí y solo sí no creo que lo sea.
Si me dejara convencer de que lo soy, yo misma estaría feliz con que me traten como quieran o con que creyeran de mí incluso aquello que no soy.
Señores: nos hemos cagado la vida con esa maldita palabra.
Pero si hay algo peor que le digan a uno que es intenso, es que le digan que está desesperado.
¿Desesperada por qué? ¿Por querer algo bueno para mí y quererlo ya?
(Inserte aquí risas mentales de programa de televisión de los 90).
¿Acaso no quieren todos los humanos ser felices y, ojalá, en el menor tiempo posible?
¿Quién dijo que hay un tiempo para empezar a que uno tome las riendas de su vida y que ese
tiempo vendrá solo cuando los planetas y el universo se confabulen? ¿Quién carajos dijo que
matrimonio y mortaja del cielo baja? ¿Quién mierdas se me cagó la vida haciéndome creer
que si saludo a un tipo en el Facebook no estoy dejando «fluir» las cosas o soy una intensa de
mierda?
¿Quién mierdas me va a decir a mí que no puedo decir las putas groserías que quiero decir
porque eso me quita eso que llamamos «femineidad»?
Entonces ahora resulta que soy «menos mujer» para alguien porque digo groserías, inicio las
conversaciones, escribo pendejadas en mi blog y no me tomo fotos pelando teta.
«Por eso es que no la llaman».
Pues si es así, entonces que ni me llamen… a la mierda los tipos que buscan a la tonta. Esos
no se merecen ni mi saludo ni mi respeto. A la mierda los tipos que lo mandan a uno a la
zona de amigos [Oh, oh I want some more]… ¿Qué se creen? ¿se les olvidó acaso que uno viene al mundo con los polvos contados? ¡Ja! Pues ni que fueran muy bonitos.
Suficiente tengo con mis propios prejuicios de lo que debo y no debo hacer… Suficiente tengo
con mi voz interior diciéndome todo lo que DEBO y NO DEBO hacer para agradarle a alguien,
como para que ahora vengan unas cacatúas a decirme que soy una intensa, que nadie me va a querer, que no puedo y un montón de pamplinadas más.
Les tengo noticias: soy una chimba. Se han tragado de mí tipos de todos los estratos, me han
mandado a la zona de amigos tipos de todos los estratos, me han querido tipos con mente
y hermoso corazón y he querido a esos tipos con mi mente y con mi pendejo corazón de
groserías. No me las sé todas en el amor y tampoco espero llegar a sabérmelas porque toda
la gracia se perdería. He leído libros de superación (claro que no he llegado hasta Coelho porque ahí sí me suicido), he buscado la respuesta en los gurús, me he hecho la carta astral de veinte maneras diferentes incluyendo sinastrías y revoluciones solares… creo en mil cosas que nadie entendería… pero sigo convencida de que valgo la hijueputa pena de que luchen por mí.
Aun así SOY una chimba. Que me desanime, jueputa… ¿quién no?... Que me nieguen el trabajo de la vida porque alguien lea estas pendejadas y me juzgue... pues muy mal. Que alguien no se tome el trabajo de conocerme y me juzgue sin saber cuál es mi caricatura favorita, pues muy mal… Pero la cagada no es mía y tampoco puedo llamar la atención más de lo debido para que me pongan cuidado: ESO sí sería ser intensa. Saludar a un tipo y preguntarle cómo está no es ser intensa, es saludar y ya. No lo estoy amarrando y llevándolo atado hacia el altar, le estoy diciendo «hola». No me crea tan pendeja, en serio.
Hoy, después de 25 (ya casi 26) años de decirme mentiras, acepté sin hipocresía y con todo
respeto hacia mí misma dos cosas:
1. Me he mentido desde que tengo uso de razón (y ya les digo porqué) y
2. Los tipos han superado sus frustraciones amorosas con el fútbol y otros deportes.
El tipo que lideraba la conferencia (por la que estoy escribiendo esto) decía hoy:
«No siempre aceptamos nuestro deseo más profundo porque sabemos que, si los demás lo
vieran, nos daría mucha pena».
El ejemplo que daba es muy sencillo: un hombre que secretamente quiere una mujer que le
lave la ropa buscará siempre una mujer que le lave la ropa. Punto. Es que es muy bonita, ah sí.
Es que es muy amable, ah sí. Es inteligente, ah sí… pero no lava ni una camisa… no me gusta y punto.
Si hay cosas sobre las que no se negocia, esos son nuestros deseos más profundos.
(Ah sí. Si yo quisiera alguien que me lavara la camisa, tampoco se los diría).
¿Pero saben qué? De pura chévere les voy a revelar mi más oscuro deseo porque sigo
pensando que me queda casi nada por perder:
Mi yo superficial desea un cómplice con el cual sorprenderme y reírme, que tire rico y que me
suba el ego lo suficiente como para sentir que tiene el suficiente interés en mí.
Siempre creí que lo que quería era un tipo para aportarle cosas y que me aportara…
pamplinadas… al menos creo que estoy dando el primer paso para reconocer que por ahí no
va la cosa. Siempre pensé que quería un man inteligente, un man juicioso, trabajador, chusco,
jodido (que me retara al menos intelectualmente, tanto como para hacerme cantar esta canción)…
(Aquí va una parte editada que solo conocen algunos amigos cercanos dignos de mi confianza).
Y aquí vamos para el punto número dos:
¿Por qué me rindo tan fácilmente yo pero no es socialmente aceptado que un tipo se rinda?
No lo sé con certeza, pero sí tengo una teoría: el fútbol.
Si su equipo ganó, pues ellos celebran.
Si su equipo perdió, cagada pero la vida sigue y ya vendrá un nuevo partido.
Clara no. Ella llora sobre la leche derramada porque este es solo un juego… pero la liga es
mayor.
O a los que les gusta el tennis: pueden pasar horas enteras viendo un partido que para otros
pareciera no acabar. ESE es el gusto, el juego en sí. El marcador va por añadidura. Pausa para llorar sobre la leche derramada con esta otra canción y pensar en las causalidades en vez de en las casualidades.
A mí ya me está entrando la pereza por jugar. De hecho, la pereza por «hacerme» la difícil me
entró como por alláááá en el 2005… y fue cuando decidí que bastaba con NO SER fácil. Así fue como me di cuenta de que con el jueguito no se logra nada, porque siempre se está esperando anotar. Cuando uno decide amar de verdad, se quita las máscaras y apuesta porque sabe que gana por punta y punta: o bien consigue ser correspondido, o aprende una lección de valentía.
miércoles, 28 de abril de 2010
¿De cuando a acá?
-¿De cuando a acá?
-¡Ja! ¡desde siempre!
Los que han -o hemos- dado clase alguna vez sabemos que tener un estudiante que se las sabe todas es un fastidio. Incluso si es lind@. Uno se queda como "y ahora ¿qué le explico?" y aquellos que hemos recibido una clase digamos...obvia, detestábamos a ese profesor que explicaba una y otra vez aquello que ya sabíamos o que insultaba nuestra inteligencia al querer enseñarnos a sumar 1 + 1.
Lo mismo ocurre con las relaciones.
¿De cuándo a acá cambió William a su linda, recién graduada, buen polvo, amorosa, comprensiva y fiel novia, por una mujer normalona y de quinto semestre de universidad?
¿De cuándo a acá cambió Francisco a su esposa encinta por una celadora?
¿De cuándo a acá las flacas pilas de veintitantos somos bajamente reemplazadas por mujeres adultas que ni han terminado la universidad y que tienen gorditos a lado y lado de las caderas?
Pues si. Desde siempre. O mejor dicho, desde que a usted señorita se le dio por hacerse esa estudiante que se las sabía todas. "¿Yo? ah no. ¡Yo hago de todo!...yo estudio, trabajo, rumbeo, tengo la casa uno a, le saco tiempo para ir al gym, leo, canto y además me sé la raíz cuadrada de 289.471"
"Que fastidio de vieja" - dicen los manes.
¡Y uno convencido de que uno es de lo mejor que hay en la vitrina!
Y después pregunta: "¿por qué ningún tipo me cae? ¿por qué si soy linda, pila, cariñosa, camelladora etc etc etc, no tengo citas los sábados en la noche?"
Pues fácil. Porque el tipo con el que usted debería estar saliendo, ya está saliendo con la que:
1. Tiene tiempo porque no tiene taaaaaantas ocupaciones como usted.
2. Se hace la damisela en peligro para que el tipo vaya y la rescate. Ergo, el tipo se siente Superman en calzoncillos después de salvar a "Louis Laine".
3. Es la lolita menor que ellos (that's me - y ahí si aplico jujujuju) o la cuchibarbie (no necesariamente barbie, pero que tiene la clara intención de templar arruga) que los saca de la realidad.
Y si. Unos dirán: "no todos los hombres son así" "a mí no me gustan las brutas" "que rico salir con una mujer pila e interesante". Y si. Claro que si. Todo eso es muy chévere y se les felicita. Pero a lo que voy es que a muchas de nosotras se nos olvidó que ser las mejores en todo y sabernos todo y hacer de todo no es necesariamente lo que se espera de nosotras. Se nos olvidó quizás que se espera que los acompañemos en el campo de batalla, no que peleemos las batallas nosotras solas. Se nos olvidó lo rico que es ser la princesa y ahora nos dio por salir a matar a todos los dragones (hasta ahí, bien porke también tenemos manos - y ojo, no estoy hablando de ser IGUAL, sino de tener las mismas posibilidades- ) y más encima decirle al príncipe que es un inútil, como alguien que mira al profe y con su actitud le dice "eso ya me lo sé, ¿a ver?"
Repito: está bien que no le gusten tan brutas. Pero dígame ¿quién quiere salir con wikipedia? ¡Yo prefiero salir con facebook! tal vez sea más superficial, pero me entretiene y me informa jajajajaja... no mentiras. Lo mejor es salir con alguien tipo google: alguien que tenga los datos que yo quiero, ni tan poco profundos ni tan excesivamente académicos. Además uno siempre termina necesitando a google para todo, porque la información de wikipedia está también en otros lados, e incluso más completa.
Así que mi querida amiga, si usted es google y la están dejando, portese un poco más facebook. Y la próxima vez que un hombre le diga: "No eres tú, soy yo", créale. Es él el que efectivamente está mal de la cabeza al dejarla a usted.
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