He aquí algunas frases que vine a leer años después de necesitarlas, otras que me hubiera gustado que me dijeran y otras que me repito a diario...
1. Niña, váyase de viaje.
Cuando tenga las tetas caídas y esté calva y sin dientes... quizás ya no va a poder.
2. Oiga, no trate como prioridad a quien la trata como opción.
Y, en lo posible, no trate como opción a quien la trata como prioridad. Ponga el freno de mano a tiempo, antes de que la gente la malinterprete.
3. Alimentarse bien es más barato que enfermarse... y la cerveza es más barata que ir al psicólogo.
Aún tengo que aprender esa lección.
4. Sufrir es más caro que estar tranquilo.
Y, como ya he dicho, no lo cubre la EPS.
5. La mejor forma de tener a alguien pensando en usted NO es ignorar a esa persona mientras se sigue pensando en ella.
Es ocuparse y que la ignorada venga por añadidura ;) Muajajajá...
6. El que no ha visto a Dios, cuando lo ve, se asusta.
7. Ignorar algo no va a hacer que desaparezca... a menos que seas Facebook.
Se llama "Etapa de negación" y la mayoría la sufrimos el 70 % del tiempo (Obviamente ese dato me lo inventé para hacer más "serio" este artículo).
8."Tengo 99 problemas y 86 de ellos son escenarios completamente inventados en mi mente por los cuales me estreso sin razón alguna".
En realidad hay menos cosas de qué preocuparme de las que sí existen. De niña me estresaba por el coco, hoy me estreso por la ex del man que me gusta... a la cual, por cierto, jamás he visto... Conclusión: ¡La ex del man que me gusta es el coco!
9. El doble chulo no la va a ayudar.
Cuando necesite estar segura de que la otra persona recibió el mensaje, use Facebook o las notas de voz de Whatsapp. Es preferible saber que la dejan en "visto" o ver que el color del micrófono cambió de gris a azul y no matarse la cabeza pensando si sí se enteraron de lo que usted quiso decir.
10. Si no es rentable, no lo hago. Y si lo quiere rápido, le vale más.
Suena orgulloso, sí. Pero las grandes empresas no se hicieron a punta de regalar el trabajo. Si me gasto más en buses de lo que me voy a ganar, será mejor que sea algo que me apasione demasiado... ¡¿o será que ellos harían algo gratis por mí?!
11. Si no generas recordación tú, así seas la protagonista, se acordarán más de la bruja de la novela.
Redundaré a propósito: Hay dos tipos de tipos: los que uno besaría (al menos potencialmente) y los que uno no besaría. Simple.
S ∩N
El problema está en que a veces en el diagrama de Venn que uno dibujó mentalmente se tiende a crear una intersección entre el conjunto "S" (de sí) y el conjunto "N" (de Ni por el p*)... y ahí es cuando una mariposa comienza a batir sus alas al otro lado del mundo y se crea un caos propio de la tercera guerra mundial. Y es que a ver. Uno tiene claro quién va en qué conjunto. ¡El problema es que los tipos no!
Todos juran que van en el conjunto "S". Todos se están convencidos de que son divinos porque tienen la "mayor" evidencia de que lo son: sus mamás se los dijeron. Pero en serio, aparte de los "likes" en Facebook, ¿tienen otra prueba contundente de que esa mujer... ESA MUJER... se siente atraída por ustedes?
¡Ninguna! Por eso he creado este manual para que los hombres sepan identificar, ojalá a tiempo, si la mujer en cuestión los quiere como amigos. Soy una desgraciada por utilizar esas técnicas, lo sé. Pero créanme, en la mayoría de las ocasiones, los confundidos serán ustedes. Nosotras sonreímos porque somos felices, no porque les estemos coqueteando a toda hora. Así que, sin más preámbulos, siéntanse libres de identificar con cuál de estas infalibles técnicas los han mandado a la zona de amigos alguna vez: 1. La palabra "Marica". No todas la usamos. A otras simplemente se nos sale... y otras hemos tenido que aprender a usarla. La regla general (salvo muuuuy pocas excepciones) es: Si una mujer se refiere a ti más de tres veces con esa palabra, estás en el conjunto "N". La primera vez quizás se le salió, la segunda se pegó en el dedito chiquito del pie...y a la tercera, tienes tetas. Por cierto, el hecho de que no use esa palabra contigo, no significa que te puedas incluir directamente en el conjunto "S". Confiadito si no. 2. El comentario casual sobre el novio. "Y entonces ese programa de televisión le encanta a mi novio". "¿Y eso qué tiene que ver?" (Nada, pero tenía que sacarlo por algún ladito. Bienvenido al conjunto "N"). 3. Todos los hombres están en el conjunto "N" hasta que se demuestre lo contrario. A menos que te llames Brad Pitt, James Rodríguez o sepas cocinar. Los que saben cocinar tienen un 30 % más de posibilidades de estar en el conjunto "S". 4. "Eres como un padre para mí". La peor. Sentencia de muerte. Si una mujer, cualquier mujer, incluso una que no te guste... dice que eres como un padre (también me la sé con tío) para ella... estás perdido. Cómprate un tiquete a Medellín o a cualquier ciudad en la que sean frecuentes las cirugías plásticas y mándate reconstruir el pene, porque automáticamente te castraron. 5. "Eres muy lindo, pero..." (La variación es la reconocida "Te quiero como amigo"). Eso solamente significa que está tragada de un tipo que no le para bolas, que ese tipo NO ERES TÚ, que jamás serás TÚ... pero que a ti te puede llamar o mandar alguna bobada al Whatsapp cuando se le dé la gana. Felicitaciones. Estás en la intersección: los únicos besos que conseguirás de ella, serán en la mejilla. Con algo de suerte, podrás salir con ella algunas veces y siempre pagarás la cuenta. Ve ahorrando desde ahora porque, si sigues así, para cuando tengas 40, te verán como un papá. ¿Alguna otra?
PD: Igual, tranquilo. Hagas lo que hagas, nunca serás tan malo como Romeo Santos en esta canción... ¿o sí?
«Lo bueno es enemigo de lo perfecto», dijo ella mientras yo miraba hacia la luz enceguecedora con la boca abierta y la sensación de ahogamiento propia de los consultorios odontológicos. Habíamos estado discutiendo el innegable hecho de que hoy en día la mujer dejó de ser la que escoge al hombre y que, más bien, ante tanta escasez de especímenes que valieran la pena, eran ellos los que tenían no una, sino dos o más opciones para ver con quién se quedaban: a qué mujer escogerían.
Entre el sonido de la fresa y la imposibilidad de respirar cómodamente, empecé a pensar que vivimos en una época triste. «¡Mejor!», dirán muchos hombres. «¡Quedémonos con todas!» «¿Y si todas nos quieren, por qué no?».
Desde aquí puedo escuchar los «¿Tienes alguna idea de lo difícil que es encontrar una mujer que nos valore de verdad y con la que queramos tener sexo?». (Pausa para explicar que la zona de amigas es tan grande hoy en día, que la aclaración sobre el sexo sí que viene al caso. Sí. Yo también me he lanzado a la zona de amigas para protegerme antes de que el tipo me mande allá. Sí. Yo también he mandado a los feos a la zona de amigos. Sí. Soy lo peor. Sí. Iré al infierno. Y sí. Tampoco me creo el cuento de la amistad genuina, pura y perfecta entre un hombre y una mujer solteros... pero ese es otro tema).
Me alegro por ustedes, chicos. En serio. Qué bien que ya no tengan que pagar todas las cuentas, ser los que inician siempre las conversaciones online o hacerse los que no pueden llorar. Todo eso me parece hasta aceptable. ¿Pero, saben qué? Tarde o temprano tendrán que escoger. Y para su desgracia, y saben que así es, la mayoría de las veces escogerán a la persona que no los trate bien. Lo sé porque, desde que sus madres les negaron el pecho, empezaron a creer que el rechazo era sinónimo de amor. Lo sé porque, entre otras cosas, es el patrón de comportamiento con el que tengo que lidiar en esta vida: no saber decir sí (unas veces porque me da pereza correr detrás del tipo, otras por mi excesivo orgullo y otras porque cuando me gusta mucho alguien me vuelvo bipolar y termino diciendo que no, tal vez para probarme un punto y es que no estoy para cobardes que huyen la primera vez que los ignoro... Después sufro y digo que soy una inmadura por ponerle trampas inexistentes al amor... y luego me acepto como inmadura emocionalmente, para volver a mi constante y aburrida vida en la que sueño que los tipos me adoran y no pueden vivir sin mí. Pero shhhh). Pero, para mi desgracia, parece que que hay algo aún más atrayente que la palabra «No» y es no hacer nada. Volviendo a mi interesante vida, (Ouch! la fresa me acaba de tocar un nervio) cada cierto tiempo aparecen los tipos extrovertidos —vestigios de los últimos alfa—, detrás de los cuales yo no hago fila (como S, como C, como J, como T, como F...) que un día me ven feliz haciendo nada y no pueden resistir la tentación de tirarme migajas a ver cómo reacciono. Siempre es lo mismo. Uno está tranquilo y «les pica». En mi caso este modus operandi masculino es casi como una materia que no he entendido y que siempre me toca repetir con diferente profesor... El problema es que, una vez que mata el tigre, el profe se asusta con el cuero porque yo termino respondiendo con sarcasmo y pocos hombres hoy en día saben cómo lidiar con una alfa.
Y entonces uno quisiera cometer el peor suicidio emocional de todos: mirarlo a los ojos, gritar «¡Jerónimoooooooo!» mentalmente y decirle: «¿Sabes qué? Cero y van dos (o mil) veces que tienes la oportunidad de elegirme y no lo haces». O incluso algo un poco menos sangriento como lo que acabo de leer por ahí: «"Solo quiero a alguien que nunca deje de elegirme". Si sigues eligiendo a las mujeres que crees que podrás dominar, terminarás siendo tú el lastimado, especialmente si son del tipo Sprite, maestras del disfraz de solapadas». Pero eso nunca pasa.
Está bien. Acepto que mis fracasos sentimentales se deben a que no puedo fingir ser una mujer común y muestro muy pronto lo alfa que soy. Entonces tengo que quedarme con los beta que tienen cero iniciativa (vuelve y suena la fresa de fondo) o esperar a que llegue un alfa con dos dedos de frente y que no se asuste porque me falta la muela del juicio... y esperemos que pueda tolerar sus defectos porque «De lo bueno, bueno... no dan tanto» o en otras palabras, «Lo bueno es enemigo de lo perfecto».
«Como esa vez que me enamoré perdidamente de un ilustrador portugués o esa vez que nunca tuve nada con él porque escogí vivir en el silencio».
Extractos del diario mental
De repente me paro en una esquina a pensar y lo veo. Luego camino siguiendo un ritmo absurdo que dicta mi conciencia. Hay destellos regados por el mundo de todos mis fantasmas. Todos van como almas en pena, todos. La lista es larga... y es a la vez tan corta. Es mejor creer que en realidad son muchos para vivir en un eterno caleidoscopio de amores. La verdad es que no alcanzan a contarse con los dedos de la mano... porque todos se repiten... y con ninguno pasa nada. Son de cera maciza. Están hechos para ser recordados y si no fuera porque todos se ríen de las mismas cosas y van a los mismos lugares y aman las mismas cosas... ya los habría olvidado. Pondré en mi lista de tareas una nota que diga: «Favor tomar distancia de los amores caleidoscópicos». ¿Por qué sigo atrayéndolos? ¿Por qué nacen espejos de los espejos y sombras de las sombras? ¿No es suficiente acaso sobrevivir en una época bastarda en la que la gente ya no se ama, ya no se manda cartas... el siglo del «ya no»? Los fantasmas no me pesan, se han hecho cada vez más ligeros y transparentes. Tal vez lo que sí extraño es estar llevada. Tal vez quisiera volver a tener la jovialidad de aquellos años en que podíamos hacer locuras por amor. No recuerdo cuándo fue la última vez que de verdad alguien fue creativo y pensó en alguna forma distinta de quererme. No sé si fue cuando el Fulano intentó tocar una canción de Soda o de Coldplay... ya no lo recuerdo. No sé si fue cuando el Mengano pidió rebaja en una tienda diciéndole a la chica del turno que yo era su novia (aunque no eramos nada) y que deseaba comprarme ese vestido. O tal vez cuando Chris le pidió mi teléfono a nuestra amiga en común durante una semana para ver si podía invitarme a salir. Se ha perdido un poco de la magia. No sé si es porque voy buscando tal vez entre los restos y los huesos las hojas muertas de los amores que nunca fueron o de los que fueron y ya no serán. Tal vez. Tal vez es que me he acostumbrado a una vida plana para sentir que cualquier cosa puede ser aventura. Si no nos pasa nada, ir a la tienda se vuelve una aventura. Escritos perdedores y este. Vana. La vida no puede ser más vana. Me la paso evadiendo las miradas de los extraños... poniendo una barrera hecha de miedos y evasiones. ¿Y quién no? ¿No estamos todos un poco locos? ¿No somos todos producto del sueño de algún loco poeta? La vida se escapó por la ventana y cerró la puerta. ¿En qué momento me dejó encerrada con este arrume de recuerdos, de distancias, de gente con afanes, de caos y de números que no puedo contar? Y uno piensa que alguien en el exterior tiene que abrir la puerta. No. La puerta se abre desde adentro. Solo que a veces es más fácil dejarla con candado.
La semana pasada una buena amiga mía se hizo la lipo, mi roommate consiguió un perro y, en el velorio en el que estuve hace un par de días, los temas principales fueron enfermedades y deudas. No. Eso no es lo peor. La prueba reina de que me estoy volviendo una viejita energúmena (en su segunda acepción, por supuesto) consiste nada menos y nada más en el hecho innegable de que este año no fui a Rock al parque. Llegaron los 30 señores. Adiós bellos días frívolos... adiós... Y lo peor es que no nos dimos cuenta a qué horas. ¿En qué momento la vida se convirtió en una constante lucha contra el día a día? ¿En qué momento nos dejamos arrastrar por las responsabilidades? ¿o será que siempre han estado allí y hasta ahora las vemos con la suficiente claridad? ¿Será que soy como la señora boba que ilustra Antonio Caballero? (Hacía mucho tiempo quería subir este magnífico prólogo del libro «Este país»... ahora esperemos que se vea).
(Suspiro) Dudo que sea la única que se pregunta cómo hacíamos antes para pagar fotocopias, buses... atravesarnos la ciudad solo para dar una clase de veinte mil pesos y aún así nos alcanzaba para tomarnos una que otra pola en el bar más cercano a la universidad o incluso dentro de nuestra adorada madre nutricia. Todo esto para decirles que me faltan cuatro años para llegar al tercer piso y, sin embargo, parece que he tenido treinta desde que tengo veinticinco... al menos fue mi pequeño descubrimiento después de leer un artículo del Malpensante en el blog de Susana y Elvira. Disfruten, mientras pueden.
La «cosquillita», las «maripositas en el estómago»... la tenia. Esa rara sensación que se siente cuando a uno le atrae bastante una persona... A ver, señor lector: suspiremos juntos.
Pero, ¿de dónde viene exactamente esta sensación? ¿Es simplemente un impulso eléctrico que a unos los pone alerta y a otros nos paraliza? ¿Es acaso realmente la señal de que estamos enamorados? ¿Es la única y verdadera prueba de que uno quiere tener algo con el causante de sus cosquillitas? Evidentemente no tengo la respuesta, pero examinemos las posibilidades... 1. Si fuera tan solo un impulso eléctrico, ¿qué nos estaría avisando? Si de algo estoy segura es de que nuestros sistemas de alarma biológicos son casi, casi infalibles. El cuerpo y la mente reaccionan siempre en formas inexplicables ante situaciones de amenaza. Como en el caso de la señora que arrancó la puerta de un carro para salvar a sus hijos después de un accidente. Ella se encontraba efectivamente en una situación de peligro y lo más probable es que su cerebro hubiese mandado un impulso a los músculos, pero... ¿y en el caso de las mariposas cuál sería el mensaje? ¿Acaso sería un «¡Cuidado! Sistema entrando en situación de vulnerabilidad» o quizás un «Alerta, alerta, usted está próximo a vivir una de las mejores experiencias de su vida»? ¡Es cierto! Para muchos la cosquillita representa sentirse débiles, cuando en realidad es el amor el poder que hace que nos sintamos las personas más fuertes del mundo, capaces de cualquier cosa. Para otros, vale más el vivir la experiencia, sin importar los resultados. Simplemente subir a la montaña rusa, independientemente de todo lo agradable o desagradable que pueda sentir durante el recorrido. Y para otros... es una mezcla de las dos sensaciones: vulnerabilidad y placer. 2. ¿Entonces si no siento las cosquillas, no hay alerta de entrar en esa zona? No lo sé. Tal vez sí es necesario sentirlas, lo que pasa es que a veces no las sentimos cuando creemos que debemos sentirlas o cuando asociamos el amor a las cosquillas. Las cosquillas NO SON el amor. Para mí, las cosquillas son el preludio de la atracción. Uno puede incluso sentir las cosquillas antes de entrar a un concierto de su amor platónico, pero no lo ama; le gusta, le atrae, que es distinto. Cuando uno está enamorado, mejora cosas automáticamente... cuando uno ama, automáticamente quiere que al otro le pasen las mejores cosas. Esa definitivamente no es la cosquilla... y tal vez es por eso que vivimos en el mundo de la confusión: algunas mujeres aún piensan que del sexo se pasa al amor («Si se lo doy, me va a querer») (Claro, si del sexo viniera el amor, no existirían ni las madres solteras ni las prostitutas) y no faltan los tipos que aún piensan que si nos dan tal cosa, las mujeres nos vamos a enamorar («Si le pago el celular, me va a querer»). Qué tristeza. Las cosquillas no tienen precio... 3. ¿Será que si mi corazón no se detiene al mirarlo a los ojos, lo debo mandar a la zona de amigos? (Suspiro) Posiblemente, sí. Pero no en todos los casos. En mi vida hubo alguna vez una excepción a la regla: La primera vez que me vio, yo estaba parada en un escenario en 2006. Dudo mucho que él hubiese sentido la cosquilla, aunque tal vez un poco de novedad; no obstante, pasajera. No fue sino hasta casi cuatro años después que supe de su existencia. Cuando hablamos por primera vez, fui yo la que sentí una sensación inmediata de que el mundo podía ser un mejor lugar. Tanto fue así, que al rato me encontré con unos amigos que me preguntaron por qué estaba tan feliz y no pude explicarlo. Pero los días pasaban y él no demostraba interés. No veía una sola señal de su parte y aún así seguía insistiendo. Algunas amigas decían que no veían ni la más remota posibilidad... el tipo no me paraba bolas. No obstante, recuerdo estar sentada en el sofá de mi casa haciendo sinastrías y diciéndole a una de mis mejores amigas que el destino de aquel chico y el mío ya estaba escrito en las estrellas y que íbamos a tener algo. Tiempo después de cumplir un año de relación, le pregunté por qué nunca se había mostrado interesado al empezar a conocernos. Me dijo que yo le gustaba, pero que ni él mismo lo sabía. Aunque él y yo ya no estamos juntos, y es tan solo un recuerdo, aprendí que el amor no puede ser solo cosquillas. Desde luego, eso me pasó a mí... pero la otra cara de la moneda parece ser lo que sucede en nuestros días cada vez más frecuentemente: vivimos rodeados de seres que se atraen, creen que van a sentir algo y no luchan tampoco por sentirlo. Ella le coquetea conscientemente a él, no le da una oportunidad de conocerlo, se obsesiona con otro y manda al primer personaje a la zona de amigos con la excusa de no sentir la cosquillita... pero le sigue coqueteando. Y ni hablar de los hombres que hacen exactamente lo mismo. Grave problema. ¿Serán seres poco dignos de conocer el amor verdadero (Sí. Es un eufemismo) o simplemente criaturas confundidas? En estos asuntos nadie manda. Si uno sabe que va a dañar a alguien por no sentir las dichosas mariposas, mejor abstenerse de intentar algo... pero si uno no tiene la intención, ¿por qué negarse a vivir una experiencia de la cual aprender? Ahora, si sí las siente, pero por un tercero, que es lo que normalmente pasa (y la primera causa de envío a la zona de amigos, según mis estadísticas), lo mejor es agradecer y dejar que la otra persona pase la página. Y en parte es que las películas, y una que otra novela, nos han hecho creer que el enamoramiento es siempre sublime... It's like people never fart! que las mujeres flotamos entre nubes y el cabello nos ondea con el sonido del viento, que los hombres cruzan la calle y el tiempo se detiene al estilo de Hollywood. Mi teoría es que (¡Ja! ¿teoría? ¡pfff!) los corazones se vuelven sublimes cuando permiten que el otro toque la puerta y entre, no cuando se meten a la nevera... pero si uno no toca, las puertas del cielo jamás se abrirán: «Hasta que no haya un "sí", todo es un no» o en otras palabras, si no hay espacio para las larvas, jamás podrán volar las mariposas.
1. Me encantan las personas serenas... lo que no soporto es la pasividad excesiva.
Siento que una dosis pequeña de drama es necesaria, de vez en cuando, para poder evolucionar. Si miramos la literatura o el cine, los personajes pasivos casi nunca logran ser recordados. Se requiere ser un extranjero con una carga emocional suprema para que la gente se acuerde de usted cuando se muera o cuando el libro acabe. Si una obra literaria quiere ser grande, el conflicto será necesario. Sin conflicto no hay resolución... y sin resolución no hay historia.
2. No es que me quiera convertir en Carrie Bradshaw (Clari Brad-show), pero tal vez las siguientes lecciones aprendidas le sirvan a alguien para lidiar con su drama. No es evitar el drama, es hacerlo parte de su día a día y no meter a nadie en él. No es sufrir sin sentido cual emo crespo. No. Es reírse de las cosas que le pasan y ver cómo va a hacer para que no le vuelvan a pasar. Sin más preámbulos, le cuento algunas reglas propias que he creado últimamente a partir de lecciones aprendidas. Puede ser que le sirvan a usted, a alguien que conozca o incluso solamente se distraiga un rato... o puede que no le sirvan y haga las propias... cuente con mi apoyo...
Ah... y, cuando las haga, recuerde que también puede romperlas de vez en cuando... ¡Para eso son!
1. La regla del príncipe
Nunca salga con un tipo que a usted no le guste o al que usted potencialmente no besaría. Salga con sapos que le parezcan lindos incluso antes de besarlos. Ojo: no digo que sean bonitos para el resto, sino bonitos para usted... No pierda su tiempo ni le haga perder el tiempo al tipo. Se ahorrará mucho drama, créame.
2. La regla de “El que te quiere, te busca” (o la que te quiere, te busca)
El interés es el interés.
Le pongo un ejemplo: mi amigo Christian está loco por Adriana. Estoy segura de que si ella lo llama a las 11 de la noche y le dice que se vean para tejer ruanitas en croché (o el plan más aburrido que el lector tenga a bien imaginar), el tipo corre.
¿Qué pasaría si fuera Ginna, otra chica linda pero que no es Adriana, la que lo invitara a un concierto de The Rolling Stones feat. Diomedez Díaz (o cualquier otra cosa nunca antes vista que yo pagaría por ver)?
Hay dos posibilidades:
a. El man va, aunque no sale corriendo.
Prenda la señal de alerta si: pone “peros”, prefiere otro plan, no confirma la cita días antes, casi no inicia las conversaciones o no llama y solo envía cosas vía Facebook o chat. Tal vez no está tan interesado como usted cree.
b. El man no va.
Pero... ¿y si es una mujer?
Esto es lo que yo creo, pero de nuevo... ni idea porque cada mujer es un mundo aparte.
Usted la invita a salir. Ella acepta. Fin de la historia.
Uno sabe cuando un hombre está interesado por cómo actúa antes de la cita. Si pierde interés durante o después de la cita, es otra cosa. Pero por lo general, con una mujer funciona al contrario. Ella da las oportunidades para ver si el tipo le gusta. Depende de usted que ella se interese. Si usted de verdad le gusta, no importa que tenga otros tipos detrás, ella le parará bolas. Si usted es bobo, lo más seguro es que corra y haga fila donde ya hay fila... pero así son los tipos. Nada qué hacer.
En el caso del hombre, creeeeo, que depende mucho más de si usted le llama o no la atención. Si de entrada usted no le gusta, posiblemente usted no le gustará al siguiente minuto, ni a la siguiente hora, ni veinte años después. ¡Es más!... posiblemente usted hasta le guste, pero puede haber otra chica que le guste más. Si usted es boba, lo más seguro es que se ponga a ver cómo llama la atención del tipo y haga fila como una idiota detrás de él. Nada qué hacer.
3. La regla de “Soy Claro y estoy conTigo”
A propósito del punto 2, si el tipo no llama, chao. ¿De verdad quiero un tipo que no tiene las agallas para coger el teléfono y llamarme?
En el caso de los tipos: ¿De verdad quieren a alguien que no tenga tiempo para ustedes, los deje hablando solos en el chat o no conteste sus llamadas?
Una mujer con la que tengan que portarse como unos hps, no vale la pena.
De hecho, ningún ser humano.
4. La regla de “Más jajajajaja y menos jejeje”
¿Han notado que cuando uno se rie en chat como “jeje” es que el chiste no le hace tanta gracia? Pues bueno. Desde hace un tiempo simplemente me rio de lo que me pasa y me rio con toda la gana posible. Me rio hasta en mayúsculas. Me rio y me rio hasta que digo que ya no me puede pasar nada peor y que algún día se lo contaré a mis nietos. Si no le gusto, que le dén. Eso no lo convierte en un mal tipo. Simplemente no le gusto y ya. Lo malo es cuando el tipo intenta darme cuerda... o, peor aún, si yo me doy cuerda solita y sigo insistiendo. Entonces paro y digo: JAJAJAJAJAJAJA a la zona de amigos y que pase el siguiente.
5. La regla del gorila: JU JU JÚ
Cuidado con los micos emocionales. Obvio que no me las sé todas, pero ya estoy entrenando mi radar para saber si me topo con esta especie. Hombres: también aplica para ustedes... Ojo con las micas emocionales... aquellas que no han soltado un palo y ya van a coger el otro. Pilas con aquella persona que no ha acabado de salir de una relación y ya está en otra... una cosa es la diversión y otra la seriedad. En otras palabras, si usted se las da de Tarzán, más le vale que termine con Jane y no con Chita. Está advertido.
6. La regla del “a la mierda el prejuicio social, yo no soy el papa”
Ni salir es casarse, ni proponer una salida es ennoviarse. No creo que esté mal invitar a salir a un tipo ni creo que sea un pecado llamarlo o mandarle un mensaje. Qué pereza que siempre le toque a alguno de los dos ser el de la iniciativa.
7. La regla del “When I saw her standing there”
No soy la más fanática de los Beatles. ¡Es más! Creo que prefiero a los Stones... ¡Es más! Creo que no prefiero a ninguno... (Cuidado papas musicales que me excomulgarán por no idolatrar a ninguno y me harán arder en el infierno)
Lo cierto es que, como decía Manolo Bellón hace unos días: "los Beatles tuvieron que escribir esta canción como cuando tenían 15 o 17 porque ese amor solo se siente así en esa época".
Mi regla es: si no siento mariposas, me ahorro drama a mí y le ahorro falsas ilusiones a él.
8. La regla del "no es no"
Mujeres: si lo va a mandar a la zona de amigos, mándenlo de una y sin más esperanzas. No le diga hoy “no” y la semana siguiente le da caramelo. No sea tan... Después de que usted haga eso, no se queje y pregunte: “¡Ay! pero, ¿por qué se enamoró?”
Hombres: si nos van a mandar a la zona de amigas... la respuesta más inmediata que pasa por la mente de una mujer es: “es porque soy fea... buaaaaa...” y, aunque probablemente así sea, eso implica drama y a ustedes no les gusta el drama. Mi consejo es: o que hagan lo que hizo Zac Effron en 17 again para quitarse de encima a la hermanita (sí, yo soy de las que veo esas películas malas) díganos que están tragados de otra (solo la mandaremos degollar pero nada más) o hagan lo que hizo Mel Gibson en Lo que ellas quieren: díganos que son gays.
9. La regla del Óscar a mejor actriz
Usted puede mostrarle al tipo todo el drama que quiera e incluso parecer bipolar como Jennifer Lawrence en los juegos del destino, si y solo si usted merece ganarse un Óscar a mejor actriz. Si la persona con la que usted está, solo conoce esa fase de usted y la juzga por eso... graves. Ojo con juzgar. A pesar de que parezca que las reglas llevan precisamente a eso, usarlas inadecuadamente, sí puede causar caos. Por ejemplo, si un tipo normal lee esto, posiblemente piense que no quiere salir con alguien que se cree la doctora corazón, ve películas para adolescentes gringos y cree en la astrología. Yo tampoco lo haría. Pero sí saldría con alguien que es alegre, habla de todo un poco y ama la buena comida. Soy ambas... Jamás escribiría sobre la vida privada de mi pareja si no tengo el permiso y también puedo ver películas buenas. Pero si el tipo me juzga y no se gana mi respeto, jamás podrá conocer la parte chévere.
10. Desconfíe de la gente que no come.
No digo de los vegetarianos (ellos sí comen), sino de las anoréxicas. La gente que se priva de placeres sencillos, no es de fiar. Hombres: si invitan a una niña y no come, tampoco se los va a comer a ustedes (al menos con ganas) en el futuro. Mujeres: si el tipo no come, después no se queje porque gasta más en ropa que usted.
No sé si es porque cuando pequeña aprendí esos versitos de Rafael Pombo que enseñaban que uno se iba a meter en problemas si hacía lo que se le daba la gana… No sé si es porque la terquedad es la más poderosa de las mentiras que me cuento… pero lo cierto es que resulté ser más cocodrila que todos los cocodrilos y cacatúas que no me dejan hacer a mí lo que se me da la gana.
Pongámonos a pensar, si es que podemos:
La gente que más lo quiere a uno, es la que más lo jode. Parece que en estos tiempos, la cosa va como «entre más te quiero, más miedo me da de que te hieran… entonces vamos a la cajita de cristal».
¡Muchacho, no salgas!, le grita mamá
Pero él hace un gesto y orondo se va.
Y como uno no le hace caso a la mamá, entonces ya sabemos cómo termina:
Se coló en la boca de un pato tragón
Y este se lo embucha de un solo estirón.
(...)
Sí.
Se lo comieron.(…)
¿Y quéééééé?
¡Vivió su aventura!Al menos es el único renacuajo del que media Colombia sabe… aunque la mayoría no tengamos ni la más remota idea de qué carajos era la chupa de boda y a quién se le ocurre irse vestido en un pantano de esa manera… ¡El sapo quedó inmortalizado!
¿O es que acaso no tenemos derecho a saltar al vacío? ¿Es que queremos esa vida plana en el fango a la que la naturaleza nos condenó?
Casa-trabajo-familia-trabajo-casaCasa-trabajo-familia-trabajo-casa Casa-trabajo-familia-trabajo-casa Casa-trabajo-familia-trabajo-casa Casa-trabajo-familia-trabajo-casa Es como si de un tiempo para acá nos pareciera mejor una vida Ctrl C+Ctrl V que una vida Ctrl+Alt+Supr = Mandar todo a la mismísima mierda y ser felices (Haga clic, no sea perezoso, oiga la canción).
¿Así qué criatura insignificante como un renacuajo va a pasar a la historia?
Y va de nuevo el comercial en el que la mamá le dice al hijo: «Se va a caer, se va a pegar».
Pero y es que ¿quién me garantiza a mí que si yo siempre hiciera lo que mi mamá me dice… o mi familia… o mis amigas… o cualquiera voy a tener éxito en la vida?- «Te queda bonita la corbata». ¿Pero si a él no le gusta? Eso es lo que te gusta a ti… porque crees que se va a ver bien y lo van a contratar… pero, en serio, ¿eso lo garantiza? ¡Pues no!
Saludar al vecino
Acostarse a una hora
Trabajar cada día
para vivir en la vida
Contestar solo aquello
y sentir solo esto
Y que Dios nos ampare
de malos pensamientos
Cumplir con las tareas
Asistir al colegio
¡Qué diría la familia
si eres un fracasado!
Ponte siempre zapatos
No hagas ruido en la mesa
Usa medias veladas
Y corbata en las fiestas
Las mujeres se casan
Siempre antes de treinta
Si no vestirán santos
Y aunque así no lo quieran
Y en la fiesta de quince
Es mejor no olvidar
Una fina champaña
Y bailar bien el vals (...)
Shakira (cuando tenía buenas letras)
Entonces me di cuenta de que ando opinando por ahí sobre todo aquello que no me importa… desde las tirantas del vecino hasta si el papa renunció porque le iban a abrir cuenta en Facebook...
- Mind your fuckin’ business, Clara!Ahora entonces resulté «la gurú», la que siempre tiene un consejito para dar y la que se cree con derecho de joderle la vida al prójimo. - Ay, claro que no hay placer más grande inventado sobre la tierra que joderle la vida al prójimo. ¡Y resulta que de eso que doy, estoy recibiendo! ¡Ahora la gente me da consejos que no pido!
Incluso me da consejos cuando los pido y resultan ser consejos más cocodrilos que los de la mamá de Rinrín:
- «Eso no vaya».
- «¿Y si pierde la plata?»- «¿Y no le da miedo?»
Ña, ña, ña
De vez en cuando está bien que a uno alguien le diga: ¡hágalo y no joda!
Citándome a mí misma (¿qué tal ese ego? ¿ah?) he de decir: «Definitivamente esta palabra nos cagó la vida a las mujeres: “intensidad”».
«Usted es una intensa», «no haga esto o aquello porque va a parecer intensa», «qué pereza
Fulana, qué vieja tan intensa» y la peor de todas: «¿será que soy muy intensa?».
No digo que no las haya y no digo que así las quieran ellos… solo digo que no hay peor etiqueta que la autoimpuesta o que aquella que nos niega algún derecho.
¿Y qué derecho me quita el que me digan intensa?
Ninguno.
Ninguno, sí y solo sí no creo que lo sea.
Si me dejara convencer de que lo soy, yo misma estaría feliz con que me traten como quieran o con que creyeran de mí incluso aquello que no soy.
Señores: nos hemos cagado la vida con esa maldita palabra.
Pero si hay algo peor que le digan a uno que es intenso, es que le digan que está desesperado.
¿Desesperada por qué? ¿Por querer algo bueno para mí y quererlo ya?
(Inserte aquí risas mentales de programa de televisión de los 90).
¿Acaso no quieren todos los humanos ser felices y, ojalá, en el menor tiempo posible?
¿Quién dijo que hay un tiempo para empezar a que uno tome las riendas de su vida y que ese
tiempo vendrá solo cuando los planetas y el universo se confabulen? ¿Quién carajos dijo que
matrimonio y mortaja del cielo baja? ¿Quién mierdas se me cagó la vida haciéndome creer
que si saludo a un tipo en el Facebook no estoy dejando «fluir» las cosas o soy una intensa de
mierda?
¿Quién mierdas me va a decir a mí que no puedo decir las putas groserías que quiero decir
porque eso me quita eso que llamamos «femineidad»?
Entonces ahora resulta que soy «menos mujer» para alguien porque digo groserías, inicio las
conversaciones, escribo pendejadas en mi blog y no me tomo fotos pelando teta.
«Por eso es que no la llaman».
Pues si es así, entonces que ni me llamen… a la mierda los tipos que buscan a la tonta. Esos
no se merecen ni mi saludo ni mi respeto. A la mierda los tipos que lo mandan a uno a la
zona de amigos [Oh, oh I want some more]… ¿Qué se creen? ¿se les olvidó acaso que uno viene al mundo con los polvos contados? ¡Ja! Pues ni que fueran muy bonitos.
Suficiente tengo con mis propios prejuicios de lo que debo y no debo hacer… Suficiente tengo
con mi voz interior diciéndome todo lo que DEBO y NO DEBO hacer para agradarle a alguien,
como para que ahora vengan unas cacatúas a decirme que soy una intensa, que nadie me va a querer, que no puedo y un montón de pamplinadas más.
Les tengo noticias: soy una chimba. Se han tragado de mí tipos de todos los estratos, me han
mandado a la zona de amigos tipos de todos los estratos, me han querido tipos con mente
y hermoso corazón y he querido a esos tipos con mi mente y con mi pendejo corazón de
groserías. No me las sé todas en el amor y tampoco espero llegar a sabérmelas porque toda
la gracia se perdería. He leído libros de superación (claro que no he llegado hasta Coelho porque ahí sí me suicido), he buscado la respuesta en los gurús, me he hecho la carta astral de veinte maneras diferentes incluyendo sinastrías y revoluciones solares… creo en mil cosas que nadie entendería… pero sigo convencida de que valgo la hijueputa pena de que luchen por mí.
Aun así SOY una chimba. Que me desanime, jueputa… ¿quién no?... Que me nieguen el trabajo de la vida porque alguien lea estas pendejadas y me juzgue... pues muy mal. Que alguien no se tome el trabajo de conocerme y me juzgue sin saber cuál es mi caricatura favorita, pues muy mal… Pero la cagada no es mía y tampoco puedo llamar la atención más de lo debido para que me pongan cuidado: ESO sí sería ser intensa. Saludar a un tipo y preguntarle cómo está no es ser intensa, es saludar y ya. No lo estoy amarrando y llevándolo atado hacia el altar, le estoy diciendo «hola». No me crea tan pendeja, en serio.
Hoy, después de 25 (ya casi 26) años de decirme mentiras, acepté sin hipocresía y con todo
respeto hacia mí misma dos cosas:
1. Me he mentido desde que tengo uso de razón (y ya les digo porqué) y
2. Los tipos han superado sus frustraciones amorosas con el fútbol y otros deportes.
El tipo que lideraba la conferencia (por la que estoy escribiendo esto) decía hoy:
«No siempre aceptamos nuestro deseo más profundo porque sabemos que, si los demás lo
vieran, nos daría mucha pena».
El ejemplo que daba es muy sencillo: un hombre que secretamente quiere una mujer que le
lave la ropa buscará siempre una mujer que le lave la ropa. Punto. Es que es muy bonita, ah sí.
Es que es muy amable, ah sí. Es inteligente, ah sí… pero no lava ni una camisa… no me gusta y punto.
Si hay cosas sobre las que no se negocia, esos son nuestros deseos más profundos.
(Ah sí. Si yo quisiera alguien que me lavara la camisa, tampoco se los diría).
¿Pero saben qué? De pura chévere les voy a revelar mi más oscuro deseo porque sigo
pensando que me queda casi nada por perder:
Mi yo superficial desea un cómplice con el cual sorprenderme y reírme, que tire rico y que me
suba el ego lo suficiente como para sentir que tiene el suficiente interés en mí.
Siempre creí que lo que quería era un tipo para aportarle cosas y que me aportara…
pamplinadas… al menos creo que estoy dando el primer paso para reconocer que por ahí no
va la cosa. Siempre pensé que quería un man inteligente, un man juicioso, trabajador, chusco,
jodido (que me retara al menos intelectualmente, tanto como para hacerme cantar esta canción)…
(Aquí va una parte editada que solo conocen algunos amigos cercanos dignos de mi confianza).
Y aquí vamos para el punto número dos:
¿Por qué me rindo tan fácilmente yo pero no es socialmente aceptado que un tipo se rinda?
No lo sé con certeza, pero sí tengo una teoría: el fútbol.
Si su equipo ganó, pues ellos celebran.
Si su equipo perdió, cagada pero la vida sigue y ya vendrá un nuevo partido.
Clara no. Ella llora sobre la leche derramada porque este es solo un juego… pero la liga es
mayor.
O a los que les gusta el tennis: pueden pasar horas enteras viendo un partido que para otros
pareciera no acabar. ESE es el gusto, el juego en sí. El marcador va por añadidura. Pausa para llorar sobre la leche derramada con esta otra canción y pensar en las causalidades en vez de en las casualidades.
A mí ya me está entrando la pereza por jugar. De hecho, la pereza por «hacerme» la difícil me
entró como por alláááá en el 2005… y fue cuando decidí que bastaba con NO SER fácil. Así fue como me di cuenta de que con el jueguito no se logra nada, porque siempre se está esperando anotar. Cuando uno decide amar de verdad, se quita las máscaras y apuesta porque sabe que gana por punta y punta: o bien consigue ser correspondido, o aprende una lección de valentía.