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domingo, 28 de octubre de 2012

Ni fu, ni fa






Definitivamente hay hombres que ni fu, ni fa.
Y otros que solamente dicen: «fufa».




Ganas inmensas de correr. Ganas. Ganas de ir al mar. Mejor aún: ganas de correr hasta llegar al mar. Ganas de salir del mar y beber agua. Tiempo de reconexión.



Hubo un tiempo en el que me hablaba y no me respondía. Arena. Desierto. Sol extremo. Sudor. Necesito mucho aire... pero sobretodo me necesito a mí, que soy mi propia agua.

Hoy es indispensable reírse de lo simple, correr hasta la esquina, bailar sin música, sacar a pasear a mi locura al parque, subirla a la montaña rusa, llorar un poco, bailar más, cantar canciones a grito herido, sentir el dolor ajeno, sentir el propio, tener un deja vù, bailar más, ir en el bus y hacerle caras al que está en la calle, susurrar al oído...


Y es que a veces me estanco, me concentro, nado hasta el fondo de la fosa. Y bajo, para saber que allí no hay nada. Sé. Aunque sé que saber es siempre tan pretencioso... pero sé. Sé que no hay nada allí. Yo lo sé. Sé que paré un momento en una isla para tomar el sol y descansar... y sé que no necesito tierra. Hay mucha tierra en mí.

No necesito números, no necesito repasar la fórmula de la felicidad. No necesito de constantes. Quiero reconectarme con la esencia creadora. Sé que en el fondo por eso es que todo se dio así. 

Agua.
Necesito agua.
Necesito empaparme de belleza.
Necesito pararme en la línea que separa los peces de los pájaros.




jueves, 16 de diciembre de 2010

De carne y hueso



Después del viaje para ver a Quirón, fue cuando verdaderamente comenzó la Odisea. Digo Odisea precisamente porque volver a casa fue difícil, casi una aventura después de la guerra.

Esta mañana recordaba que los extraños son los mejores cuando se trata de buscar a alguien para contarle tus secretos. Los extraños no juzgan, los extraños no te conocen, las opiniones no afectan a los extraños...son imparciales, son extraños.

-"Hubo un derrumbe en la vía, la única forma de llegar a Bogotá es irse por una carretera vieja" me dijo un policía después de media hora de esperar los jeeps en el parque del pueblo. "Tiene que esperar hasta mañana o irse en carro pequeño porque no están dejando pasar flotas ni buses intermunicipales"

En el momento me asusté pero no fue sino hasta que  fueron las doce y la batería del celular empezó a colapsar que realmente dimensioné el problema. 

Recuerdo que sólo tenía como 25.000 pesos y eso era más o menos lo que costaba el pasaje de venida, ya eran las doce, había salido a las 8 y aún no había comido nada de almuerzo.

Por fin el policía me dijo que preguntara si en la caseta del frente podrían venderme un pasaje. Dijeron que no. Al menos conecté el celular y descansé un poco a la sombra.

-"Mierda, todo esto para nada"

Estuve más o menos hasta las 2 sentada ahí esperando un milagro, que lloviera plata o que cayera arroz del cielo...pero nada ocurrió. Me acuerdo, eso si, de que los taxistas del pueblo ya estaban en el parque haciendo su Agosto con carreras de 20 mil hasta el pueblo más cercano. De nuevo, yo sólo tenía 25 mil para llegar hasta mi casa, contando el bus hasta la entrada.

Finalmente un policía paró una flota. Recuerdo tanto que me dijeron que me llevaban en 12 mil hasta otro pueblo y que de ahí a Bogotá eran como otros 12. Me subí.

Moría de sed. Habían niños pequeños, música de bus...calor insoportable.

A eso de las cuatro de la tarde había un trancón monumental por la podrida vía. Increíble. Cinco de la tarde: la carretera destapada se acabó y comenzó la peor parte del trayecto: un río.

Pues si. Sólo hasta las siete de la noche pudimos pasar el río subidos en un planchón que hacía recorridos de una orilla a otra para pasar los carros y los buses. Por supuesto, ya habíamos cantado con los niños del bus, contado chistes y sabíamos la mitad de la vida de cada uno de los humanos que allí se encontraban.

Una vez pasamos al otro lado, la alegría fue inmensa y el conductor comenzó a correr. Todos estábamos emocionados pero yo tenía aún una duda: eran casi las ocho y no sabía si podría conseguir transporte en Honda. Tampoco sabía si efectivamente iba a costarme 12 mil algún pasaje de Honda a Bogotá.

De repente el bus paró.
La gente, que ya estaba durmiendo a causa del cansancio del viaje, se conmocionó.

Después de unos minutos, oí la voz del conductor que decía "esto se va a demorar por lo menos unas dos horas porque nos metimos en una zanja. Por favor me colaboran y se bajan para ver si podemos sacar el bus"

Efectivamente, al intentar arrancar el bus, nuestra terrible sospecha tomó forma: la cosa se iba a demorar.

Un Jeep se parqueó al lado de la carretera. El que conducía sugirió que se subiera una señora con un niño de brazos y un par de personas más. "Yo voy para Bogotá, si quieren los llevo"

Al oír "Bogotá" se me escapó un "Señor" entrecortado y le pregunté si podía llevarme. Aceptó. Ahora sólo me quedaba rezar para que las demás personas no se bajaran nunca de ese Jeep y que el conductor no fuera a ser un psicópata o un asesino en serie.

Pues si. La gente se bajó como en Honda y el tipo me sugirió que me pasara al frente. Me escurrí mentalmente. Dios Dios Dios...jueputa celular...jueputa viaje...¡jueputa!

Me dio por mirarlo. En mi mente tenía que saber cómo lucía para poder dar el retrato hablado de mi homicida y, por supuesto, jalarle las patas después de que me matara.

Nada.

El muchacho tenía unos 25, 26 años. Empezó a contarme su carreta...y empezó con una frase que me tranquilizó: "Uno siempre debe hacerle caso a los papás. Menos mal. Mi papá si me dijo 'Mijo no se lleve el carro, llévese el Jeepcito que ese lo saca de apuros' y vea: dicho y hecho"

El mancito resultó ser un abogado uniandino cuyos padres tenían finca cerca a Doradal y que, por cierto, tenía que regresar al otro día. Cuando hubo señal, me prestó el celular, incluso habló con mi mamá, le dijo que yo estaba bien, que no se preocupara, que el era un muchacho de bien y que incluso le daba pereza irse solo.

Cuando llegamos a la Vega, se percató de que yo no había comido nada y buscó un sitio para comer. Me invitó. La verdad es que sólo pedí un paquete de papas primero, porque me daba pena y segundo, porque realmente se me había quitado el hambre de la angustia tan terrible. Nos sentamos, hablamos y vimos pedazos de Sin City en el almorzadero.

De repente, a esa hora, en ese lugar y de la manera más extraña me dijo "¡no puede ser! disimuladamente mira la mesa del fondo"

Pues si. Era la ex-novia y el papá. 
-"¿Será que la saludo?"
-"yo no sé...¿te nace?" - le dije.

Al rato se fue la muchacha, terminamos de comer y seguimos nuestro camino.

Ya en carretera me agradeció haberlo oído pues no hubiera sido capaz de enfrentar aquel encuentro solo. Aquella era la mujer con la que imaginaba su futuro, con la que construyó todos sus sueños, aquella que hacía años no veía.

Bien fuera por destino o por azar, ambos nos encontramos en el medio de un camino, para ayudar al otro en determinada situación. Quizás ya he olvidado su nombre y él el mio, pero debo decir que ese es el concepto que tengo de un amigo...es eso lo que busco...son esos los ángeles que nos rodean: casi siempre, de carne y hueso.



martes, 28 de julio de 2009

Infinitas Gracias

Definitivamente un tipo que no sepa bailar, no es un tipo pa' novio.

Es que ¿qué hace uno con un palo? ¿ah?
¡Nada!

¿De qué sirve que tenga una cara bonita si es tronco?
¡Pff!

Modifico:
Un tipo que no sepa MOVERSE (ojo, dije MO-VER-SE...que no es lo mismo que contorsionarse) tiene el 50% perdido.

Estaba en el gym ayer y mientras ejercitaba un poco mis esculturales glúteos llegó a mi uno de esos flashes, vi la luz, la esencia de todo...encontré la verdad...llegué al nirvana y me dije a mí misma: "Mi misma, (silencio de misterio) Un hombre se compone de buena labia, buen movimiento y buen sentido del humor. Si le falta alguna de esas, puede fingir que las tiene...¡a las mujeres no nos importa siempre cuando lo finja!"

Luego se me ocurrió que he tenido la suerte y el privilegio de que todos y cada uno de los "tios que he ligado/flirteado y/o similar" en el pasado, han sido buenos moviendose. No podría imaginarme jamás al lado de un palo de escoba que ni siquiera puede saludar porque se pone rojo o un idiota que mande cartitas en silencio. Jamás.

Tanto el palo como el idiota, pueden ser muchachos buenos, nobles, de buena familia, educados, millonarios, apuestos, superdotados...¿y para qué les ha servido? pfff

Que pena señores.
No me gustan asi.
Los niños buenos caminan siempre en el límite entre la bondad y la pendejería. Los mejores, según mi vaga experiencia, son aquellos que parecen ser, pero que no son.

Aquellos que se ufanan, que parecen los más, que juegan a contar la anécdota más ocurrente en una mesa para que las damas obtengan su atención, ESOS, ESOS...esos no son....esos son los niños, no los hombres.

Pero un hombre que baila, no le teme a su cuerpo.
Un hombre que baila, no teme al calor del cuerpo de la mujer con quien baila.
Un hombre que te mira a los ojos cuando bailas, podría decirte más que cientos de sus palabras.

Señor,
Gracias te doy por los hombres que bailan.

domingo, 23 de noviembre de 2008

"The Creepy Party"

Arreglo de uñas (pies y manos) =11.000
Compra de vestido (más de una hora en tiempo) = 95.000
Peinado de moña enredada (como tres horas en tiempo) = ni les cuento porque se van de para atrás
Taxi = 15.000

Llegar a la casa antes de la hora pensada, no tiene precio.

Y es que definitivamente si. Hay cosas que no tienen precio. Como el hecho de ser mujer.
Ser mujer es una bendición pero en ciertos momentos desearías cambiar las reglas de lo que implica ser mujer (¿ y eso qué tiene que ver?)... ¿por dónde empezar?

Mejor por el principio:

Ms. Despalomada nunca ha ido a un prom. ¿Nunca? Nop. Nunca.
Entonces esta vez, decide ir en calidad de "Miss". Ahora, conocida en el bajo mundo como "La Miss de inglés", se arregla bastante y respira profundo para lo que ella cree va a ser "una noche inolvidable" -y vaya que lo fue-.

Primero, invierte toda una tarde mandándose pintar las uñas...si fuera hombre, no tendría necesidad (o al menos de arreglarse las de los pies). Luego, se recorre todos los almacenes de vestidos medianamente elegantes porque el alquiler le sale más o menos igual...quería un vestido rojo...compró un vestido negro.
Al día siguiente, se va a una peluquería al norte de la ciudad. Llegado a este punto, el lector o la lectora, creerá que Ms. D es esnobista, estirada, hueca, otros dirán: "con lo que se gastó pudo aliviar el hambre en Somalia"...pero de nuevo: ella no tuvo prom y ella trabaja. Eso lo justifica todo.

Como venía diciendo, la peluquería es en el norte. Por tanto, era relativamente cerca del lugar en donde se realizaría la recepción. Digo relativamente cerca porque igual había que subir montaña y toda la cosa...así que era lejos pero en el mismo sector.

La cita donde el peluquero era a las 2. Salió tarde de la casa (1:30). Pero gracias a la magia de los amarillitos, llegó a las 2:05. Salió de allá a las 5. (Siiiii increible, pero el tipo le desbarató el peinado TRES veces solo porque a él no le gustaba!) Si hubiera sido hombre...Dios, si Despalomada hubiera sido hombre: gel y salió.

La pregunta era: ¿Qué iba a hacer durante las próximas tres horas hasta que la recogieran para subir la dichosa montaña?

Y la respuesta es: hizo de todo. Se recorrió un supermercado de la Alhambra, caminó por las calles mojadas, se comió una pizza, siguió caminando, entró a un baño, se "medio maquilló", salió del baño, caminó más...todo esto hubiese sido normal de no ser por un pequeño detalle: la chancla, el peinado de fiesta y el vestido cortico.

Seis de la tarde. No había nada que hacer. No había lugar a donde ir.
De seguro, si hubiese sido hombre habría sido fácil quitarse el "corbatin" y caminar campante por las calles sin que le gente lo mirara como loco.

(Suspiro)
Entonces no habiendo más que hacer, toma un bus (si señores, un bus por las distancias) y se baja cerca de una hacienda que conviriteron en Centro Comercial hace unos años.

¿Y qué hizo de las 7 a las 9? (léase bien: NUEVE DE LA NOCHE, cuando habían quedado de recojerla a las 8)

Recorrió el centro comercial en su pinta fiestera. Las parejas de novios, los grupos de amigos, la gente que miraba vitrinas...todo parecía fluir en una escala de tiempo que no era la misma para el resto de gente. Los minutos del resto de gente eran horas para ella...y de pronto: una librería.
Ahi fue el comienzo del caos. Los libros la deprimieron.

*Pausa para que el lector ponga esta canción en otra ventana y siga leyendo el texto*

Pensaba en los libros de Palomar. ¿Dónde estará Palomar? Podría ser el hombre que cuida la librería, podría ser el que escribe los libros, podría estar esperando a su novia en la esquina...y podría no reconocerme...así como también ella podría confundirse, creer que Palomar es el hombre que ella cree que es...y terminar auto engañada. Sigue leyendo, ojeando los libros que no tienen plástico... quiere quitarse el maquillaje y llorar. Quiere sentir que hay algo por lo que vale la pena seguir. Quisiera que nada le importara. El problema es que le importan mucho las personas...le importan a tal punto que tendría un libro para cada una de las personas que conoce.

Sale de la librería un poco afectada y se sienta en una banquita para no llamar tanto la atención.

Años más tarde suena el celular. Vienen por ella.

La fiesta transcurre con normalidad. Los chicos se divierten, los profesores se toman fotos...pero ella solo mira por la ventana.

A lo lejos, la ciudad iluminada. Una vista increible. Canciones bonitas pero tristes... malditas canciones...

No se divierte. Solo piensa.

¿Cuánto tiempo tendría que esperar? ¿Una vida más?...

Por fin música para bailar. Y de nuevo piensa: "¿por qué no soy hombre?". Sería más fácil y me quedaría menos tiempo sentada.

Sale a tomarse una cerveza. Al lado de ella, cuatro profesoras más y empieza la siguiente conversación:

Ms. D: ¿Me da una cerveza por favor?
Señor del bar: "usted es mayor de edad?"
-Si señor, ella es profesora! (risas de las demás profesoras)

Para el resto la noche apenas comienza, para ella la noche agoniza. Y cuando por fin la noche muere, sale sin dejar la zapatilla de cristal porque no hay príncipe para que la recoja.

Y después de todo eso díganme: ¿no sería mejor ser hombre aunque ser mujer no tenga precio?






Las unicas fotos de la noche, después de llegar :(

martes, 18 de noviembre de 2008

La calle Palomar

Llevaba mucho tiempo tratando de encontrar un plan diferente, para encontrarse a sí misma. Un plan diferente para reconstruirse a sí misma. Por eso dijo "si". Pero mejor dejemos que sea ella, en primera persona, quien se escape de mi y os lo cuente (y ojalá con pelos y señales):

No quería hacer nada por la tarde. Había regresado del maldito pichal en donde trabajé estos cuatro meses. Lo odiaba. Era como haber amado el chocolate, pero haber consumido dosis altas de éste durante mucho tiempo. Ahora si que lo odiaba. Odiaba la calle destapada para llegar a él. Odiaba tener que mirar por la ventana del bus todos los días pensando en la canción de Alicia Keys "No One". Odiaba poner mi cara de tristeza y congelarme la nariz antes de las siete de la mañana. Sólo habian dos cosas que borraban, o mejor compensaban, aquel odio brutal que sentía al estar en ese sitio: la sonrisa de los niños y las mañanas en las que el sol le daba besos en la espalda a las montañas de Cota. El resto, era basura. El resto, era desolación.

Entonces, hoy por fin lapidé la maldita via que me embarró los zapatos en el último mes...y, luego de caminar bajo la lluvia de regreso a mi casa, me decidí a no hacer nada por la tarde, tal y como lo dije dos párrafos atrás.

LLegué y almorcé con él. Con el único hombre por el que arriesgaría mi vida llegados a este punto: con mi padre.

Todo el mundo sabe que vive conmigo. Pero nadie sabe cuánto lo adoro. Solo se lo he dicho a un novio al que también quise mucho. Y creo que nadie se atrvería a pensar que quiero más a mi padre que a mi madre...no sé por qué, pero lo quiero más. Cuando peleo con ella no me duele. Mas si peleo con él, vaya que error.

El caso es que, por cosas del destino, llamó ella -mi madre- y me dijo que acompañara a mi tía a reclamar unas cosas en la cooperativa de los maestros.
A pesar de que no quería hacer nada, acudí a la cita, y, cuando nos ibamos yendo, apareció Camilo y la saludó. Sorprendida por la coincidencia le dije: ¿Tu conoces a Camilo? ¡Él fue mi profesor de Cálculo en el ICEF! En fin. Luego de un momento de blas y de "La niña ya se graduó DE LA NACIONAL" y "La niña fue a Canadá" (y toda esa basura que odio que digan de mi - sobre todo en mi presencia) nos marchamos. Y en eso agrego yo: "Con ese man, yo nunca aprendí nada...solo espero que los del Thomas jamás digan lo mismo de mi...aj...a mi me iba bien en trigo (y reconozco que ahi pensé en Omar y en el maldito calendario matemático...y en que yo era la única estúpida que lo hacía) pero en cálculo jamás aprendí nada"

A ese fragmento de la conversación, le sucedieron alabanzas de mi tía sobre lo bueno que era que yo no hubiese estudiado matemáticas y la explicación (bastante larga, por cierto) de por qué esa idea loca (muuuuy loca para mi) se ME había cruzado por la mente alguna vez, y que nunca fue algo que MIS PADRES hubiesen sugerido.

En fin, cambio de tema.
Decidimos irnos a la Casa Silva. En la buseta le expliqué a mi tía parte de la teoría de los seis grados de separación (con el apunte de Truman Capote incluido, para no perder de vista el horizonte y no hacerla creer que facebook se ha inventado todo)... y seguí pensando en los extras de mi novela.

Llegamos al centro. Pero no encontrabamos el sitio. De noche todas las calles eran iguales en la Candelaria. Todas menos una. Una en cuyas letras se leía "Calle del Palomar" y más abajo 2-96. Suige por ahi, me dije. Y Palomar me llevó a casi literalmente (o literariamente) a mi propio destino.

Hacía mucho tiempo que no iba. Cuestión de años.
Dimos vueltas por el sitio. En una sala, estaban sentados los escritores. Supe que uno de ellos era escritor por su sombrero negro al mejor estilo Miller (Henry) y supuse que los demás estaban allí reunidos para ultimar detalles.
Entraron a la sala y empezaron esas largas introducciones que detesto. "El fulano que estudió tal cosa, en tal parte, cuya abuelita era la Sultanita, cuyo dedo gordo del pie tiene una uña encarnada y que finalmente, escribió tal libro"

Cuánto me gustaría que el autor fuese juzgado por su obra y no por su ser (al menos en primera instancia)

Ahhhh

Pero bueno. El punto es: Luis Darío Bernal Pinilla, se convirtió hoy en mi escritor colombiano favorito - al menos para la poesía- porque el altar mental que le tengo a Daniel Samper está difícil de ser superado-. Y es que, jamás jamás había oído yo a un Benedetti tan colombiano...a un maestro del humor pero también de la nostalgia.




Y así termina el día de mi Despalomada: con extras, coincidencias y perdida en la Calle Palomar.

viernes, 14 de noviembre de 2008

El regreso. Special Edition

Pisaba las baldosas del salón.
Un pie, luego el otro...un suspiro, luego el otro. Las pisaba como los caballos: en L. Las pisaba mientras pensaba en los eventos de los últimos dos años.
Entonces sintió que era hora de volver. Y aunque el reloj marcase las 2 p.m y los pocos niños del salón no terminaran la evaluación, ya nada le importaba porque sabía que muy pronto iba a volver a la fecha en donde terminó el principio e inició el fin.

-'Miss terminé' - dijo una voz al fondo del salón.
-'OK'- respondió ella.

Era un 'ok' casual. Un 'ok' que no significabanada. Nada más allá de lo fático, nada más allá de algo que le permitiera al otro saber que ella estaba allí, así su mente estuviese en el ayer.

-'El ayer.
Siempre el ayer.
¿alguien puede decirme por qué?

Quisiera tener un Palomar para poder mirar a las estrellas. Quisiera que Calvino me perdonara. Quisiera lapidar esos ayeres dolorosos. Y allí vamos de nuevo. Lista de frustraciones. Lista de esperanzas...lista de libros sin leer, lista de canciones por bajar, lista de cosas por hacer, lista de promesas a olvidar...'-

Lo deja hasta ahi: 'Suficiente. Mucho pensar' -se dice a así misma- '...Solo esperemos que mañana esto se acabe y pueda dedicarme a buscar inspiración'...

Pero ante la duda inquietante y el problema de la inspiración se decide y piensa: 'Vamos a buscar un Palomar. O mejor, vamos a dejar que el Palomar nos encuentre. Un Palomar para mirar a las estrellas, un palomar para refugiarse...un palomar para volver a escribir bien.

Y es que, ahora que se había convertido (definitivamente) en una S.E*tenía mucho miedo. Tenía miedo de estar en medio de esa brecha intergeneracional en la que se le exige comportarse como adulta y tener las responsabilidades propias de una mujer adulta, pero vivir con corazón de niña.

Por eso, y por mil razones, Ms Despalomada esperará a Mr. Palomar... y, aunque sabe que ella no es de nadie, que nadie la ata, que nadie le dice qué hacer y que lo que siempre ha creido (léase la segunda entrada de la otra web) debería ser su ley, aunque sabe todo eso, siente que a estas alturas eso que piensa son tan solo palabras...palabras que se traga. Palabras que se acaban cuando ama. Palabras que se repite cada día para hacerse la fuerte...palabras que el viento debería llevarse.



*S.E: Soltera exitosa. Para ver más sobre el significado de estas dos palabras, remitase aquí preferiblemente a las temporadas 1 y 2 (el resto son de lo peor, dadas las circunstancias)

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