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sábado, 24 de noviembre de 2012

El Chocoramo



Allí estábamos. En medio de la noche salvaje, bebiendo vodka. De repente pasó un empleado de seguridad. Era un moreno alto y acuerpado de chaqueta naranja.

Entonces ella dijo: «la que ha comido Chocoramo, no se devuelve a gala».

domingo, 28 de octubre de 2012

Ni fu, ni fa






Definitivamente hay hombres que ni fu, ni fa.
Y otros que solamente dicen: «fufa».




Ganas inmensas de correr. Ganas. Ganas de ir al mar. Mejor aún: ganas de correr hasta llegar al mar. Ganas de salir del mar y beber agua. Tiempo de reconexión.



Hubo un tiempo en el que me hablaba y no me respondía. Arena. Desierto. Sol extremo. Sudor. Necesito mucho aire... pero sobretodo me necesito a mí, que soy mi propia agua.

Hoy es indispensable reírse de lo simple, correr hasta la esquina, bailar sin música, sacar a pasear a mi locura al parque, subirla a la montaña rusa, llorar un poco, bailar más, cantar canciones a grito herido, sentir el dolor ajeno, sentir el propio, tener un deja vù, bailar más, ir en el bus y hacerle caras al que está en la calle, susurrar al oído...


Y es que a veces me estanco, me concentro, nado hasta el fondo de la fosa. Y bajo, para saber que allí no hay nada. Sé. Aunque sé que saber es siempre tan pretencioso... pero sé. Sé que no hay nada allí. Yo lo sé. Sé que paré un momento en una isla para tomar el sol y descansar... y sé que no necesito tierra. Hay mucha tierra en mí.

No necesito números, no necesito repasar la fórmula de la felicidad. No necesito de constantes. Quiero reconectarme con la esencia creadora. Sé que en el fondo por eso es que todo se dio así. 

Agua.
Necesito agua.
Necesito empaparme de belleza.
Necesito pararme en la línea que separa los peces de los pájaros.




jueves, 28 de abril de 2011

Iágor




Ejercicio de escritura para la clase con Alberto Salcedo Ramos

Después de que salimos de cine, Christopher me invitó a un restaurante.
-¿Te gusta la comida de la India?
-Guacala- pensé.
La verdad es que siempre he tenido un conflicto con el olor de los restaurantes chinos, japoneses, indios -o todo lo que se le parezca, si es que se parece. De todas maneras si no probaba la comida, jamás iba a saber si me gustaba o no, así que acepté.

Nos sentamos y, como buen ingeniero, empezó a hablarme de los circuitos y la electricidad. Yo, mientras tanto, lo escuchaba con cara de idiota pensando en que le entendía todo, e imaginándome la cara de mis amigas en Colombia cuando les contara de mi nuevo levante en Canadá. Por fortuna, el restaurante no olía mal y estaba decorado con imágenes pintadas de mujeres sonrientes bailando.

Para cuando llegó la camarera con el menú, Chris ya sabía que mi especialidad eran los idiomas y que sólo me faltaba un semestre para terminar mi carrera en Colombia. Un tipo de 1,70, soltero, trabajador, pilo y heterosexual, no se puede dejar ir así tan fácil. Entonces decidí que tendría que “chicanear” un poco más con lo que sabía: hablamos de las culturas, de su familia polaca, de lo maravilloso que era conectarse a través de los idiomas y de lo importante que era aprenderlos.

Todo iba bien hasta que me dijo algo como:

-”Would you like some iágor?”
-¿Que qué?...¿Que si quiero qué? - pensé. Iágor, iágor ¿qué será iágor?

Pues nada. Chris tuvo que hacer que la camarera me trajera una muestra de pollo con iágor para que yo por fin entendiera que se trataba nada menos y nada más que de pollo con salsa de yogúr.

jueves, 16 de diciembre de 2010

De carne y hueso



Después del viaje para ver a Quirón, fue cuando verdaderamente comenzó la Odisea. Digo Odisea precisamente porque volver a casa fue difícil, casi una aventura después de la guerra.

Esta mañana recordaba que los extraños son los mejores cuando se trata de buscar a alguien para contarle tus secretos. Los extraños no juzgan, los extraños no te conocen, las opiniones no afectan a los extraños...son imparciales, son extraños.

-"Hubo un derrumbe en la vía, la única forma de llegar a Bogotá es irse por una carretera vieja" me dijo un policía después de media hora de esperar los jeeps en el parque del pueblo. "Tiene que esperar hasta mañana o irse en carro pequeño porque no están dejando pasar flotas ni buses intermunicipales"

En el momento me asusté pero no fue sino hasta que  fueron las doce y la batería del celular empezó a colapsar que realmente dimensioné el problema. 

Recuerdo que sólo tenía como 25.000 pesos y eso era más o menos lo que costaba el pasaje de venida, ya eran las doce, había salido a las 8 y aún no había comido nada de almuerzo.

Por fin el policía me dijo que preguntara si en la caseta del frente podrían venderme un pasaje. Dijeron que no. Al menos conecté el celular y descansé un poco a la sombra.

-"Mierda, todo esto para nada"

Estuve más o menos hasta las 2 sentada ahí esperando un milagro, que lloviera plata o que cayera arroz del cielo...pero nada ocurrió. Me acuerdo, eso si, de que los taxistas del pueblo ya estaban en el parque haciendo su Agosto con carreras de 20 mil hasta el pueblo más cercano. De nuevo, yo sólo tenía 25 mil para llegar hasta mi casa, contando el bus hasta la entrada.

Finalmente un policía paró una flota. Recuerdo tanto que me dijeron que me llevaban en 12 mil hasta otro pueblo y que de ahí a Bogotá eran como otros 12. Me subí.

Moría de sed. Habían niños pequeños, música de bus...calor insoportable.

A eso de las cuatro de la tarde había un trancón monumental por la podrida vía. Increíble. Cinco de la tarde: la carretera destapada se acabó y comenzó la peor parte del trayecto: un río.

Pues si. Sólo hasta las siete de la noche pudimos pasar el río subidos en un planchón que hacía recorridos de una orilla a otra para pasar los carros y los buses. Por supuesto, ya habíamos cantado con los niños del bus, contado chistes y sabíamos la mitad de la vida de cada uno de los humanos que allí se encontraban.

Una vez pasamos al otro lado, la alegría fue inmensa y el conductor comenzó a correr. Todos estábamos emocionados pero yo tenía aún una duda: eran casi las ocho y no sabía si podría conseguir transporte en Honda. Tampoco sabía si efectivamente iba a costarme 12 mil algún pasaje de Honda a Bogotá.

De repente el bus paró.
La gente, que ya estaba durmiendo a causa del cansancio del viaje, se conmocionó.

Después de unos minutos, oí la voz del conductor que decía "esto se va a demorar por lo menos unas dos horas porque nos metimos en una zanja. Por favor me colaboran y se bajan para ver si podemos sacar el bus"

Efectivamente, al intentar arrancar el bus, nuestra terrible sospecha tomó forma: la cosa se iba a demorar.

Un Jeep se parqueó al lado de la carretera. El que conducía sugirió que se subiera una señora con un niño de brazos y un par de personas más. "Yo voy para Bogotá, si quieren los llevo"

Al oír "Bogotá" se me escapó un "Señor" entrecortado y le pregunté si podía llevarme. Aceptó. Ahora sólo me quedaba rezar para que las demás personas no se bajaran nunca de ese Jeep y que el conductor no fuera a ser un psicópata o un asesino en serie.

Pues si. La gente se bajó como en Honda y el tipo me sugirió que me pasara al frente. Me escurrí mentalmente. Dios Dios Dios...jueputa celular...jueputa viaje...¡jueputa!

Me dio por mirarlo. En mi mente tenía que saber cómo lucía para poder dar el retrato hablado de mi homicida y, por supuesto, jalarle las patas después de que me matara.

Nada.

El muchacho tenía unos 25, 26 años. Empezó a contarme su carreta...y empezó con una frase que me tranquilizó: "Uno siempre debe hacerle caso a los papás. Menos mal. Mi papá si me dijo 'Mijo no se lleve el carro, llévese el Jeepcito que ese lo saca de apuros' y vea: dicho y hecho"

El mancito resultó ser un abogado uniandino cuyos padres tenían finca cerca a Doradal y que, por cierto, tenía que regresar al otro día. Cuando hubo señal, me prestó el celular, incluso habló con mi mamá, le dijo que yo estaba bien, que no se preocupara, que el era un muchacho de bien y que incluso le daba pereza irse solo.

Cuando llegamos a la Vega, se percató de que yo no había comido nada y buscó un sitio para comer. Me invitó. La verdad es que sólo pedí un paquete de papas primero, porque me daba pena y segundo, porque realmente se me había quitado el hambre de la angustia tan terrible. Nos sentamos, hablamos y vimos pedazos de Sin City en el almorzadero.

De repente, a esa hora, en ese lugar y de la manera más extraña me dijo "¡no puede ser! disimuladamente mira la mesa del fondo"

Pues si. Era la ex-novia y el papá. 
-"¿Será que la saludo?"
-"yo no sé...¿te nace?" - le dije.

Al rato se fue la muchacha, terminamos de comer y seguimos nuestro camino.

Ya en carretera me agradeció haberlo oído pues no hubiera sido capaz de enfrentar aquel encuentro solo. Aquella era la mujer con la que imaginaba su futuro, con la que construyó todos sus sueños, aquella que hacía años no veía.

Bien fuera por destino o por azar, ambos nos encontramos en el medio de un camino, para ayudar al otro en determinada situación. Quizás ya he olvidado su nombre y él el mio, pero debo decir que ese es el concepto que tengo de un amigo...es eso lo que busco...son esos los ángeles que nos rodean: casi siempre, de carne y hueso.



domingo, 25 de abril de 2010

Una temporada en Neverland

1
- "¿Me prestas tu crayola? - le dije al niño que estaba sentado al lado mío en el restaurante.
- "mmm" 
-"ya te la devuelvo ¿si? es un momentico nada más"
- "Préstasela hijo" - responde el padre.
-"mmm...bueno" - respondió el pequeño con una sonrisa.

Lo siguiente fue un dibujo torpe en una individual de papel.

-"Eres muy libra" - le dije.

2

Me deslizo en medio del supermercado.
"wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii"

-¿Qué haces?
-Nada. Es que me gusta el piso.

3
-Preciosa 
-Preciosa
-Preciosa
-.-- --- ..- / .- .-. . / .-.. --- ...- . .-.. -.--

jueves, 22 de octubre de 2009

Dicen que siempre consigo dinero pa...

¡Ja! A que no saben cómo era.

Pues si señores. Llegamos al sitio que el barman nos había recomendado. Con semejante nombre no se me hizo rara la escena. "Pericos bar".

- ¡Es aquí! -dije mientras el carro se detenía una cuadra más adelante.

Después de que nos bajamos del carro de la Filipina, en nuestros rostros se dibujó un signo de interrogación. La pregunta iba y venía: ¿Es aquí? osea, ¿aquí?

Pues bueno: si y no.

Hasta ese momento todos creíamos que si. Hasta que comenzamos a hacer la fila. Detras, dos mujeres afroamericanas. Una vestida "femeninamente" por decirlo asi y otra, más bien robusta, con un puro en la mano y una cadena de oro en el pecho. En la entrada, un hombre grande y corpulento, de esos que no tienen cara sino puño.

"No puede ser aquí. ¿Seguros que así se llama?"

"Si..." "hi, what kind of music do they play here?"

A lo que la mujer del tabaco responde: "hip-hop and rap"

Todos nos damos vuelta y caminamos en medio de la fría noche Americana. El vecindario es solitario, hay uno que otro carro viejo, un puesto de comidas rápidas en un carro y finalmente, al fondo de la cuadra, un bar con nombre en español.

"Entremos ahi" dice alguien.

¡Ja!

Ninguno quiere entrar. Nadie se atreve.

Hay algunos Mexicanos o Guatemaltecos en la entrada...tal vez sean Hondureños... ¿qué sé yo? ...tienen rostros cansados, ropa de trabajo... sonrisas rotas.

"Que vaya alguien y mire"

Entonces, de todos los Colombianos que estabamos ahí, solo se nos ocurre enviar al Costa Ricense. ¿Por qué? No sé.

Paga el cover, entra por un rato, supongo que observa el sitio y sale.

Nos dice "entren, el sitio está bien"

Entra un colombiano. No se demora ni un segundo y dice "vengan".

Ahora vamos todos. Es mi turno. Estoy asustada.

Pasamos la primera puerta, pagamos el cover, revisan mi bolso, veo una pared negra. Detrás están las luces. Escucho la música latina en el fondo. Ya no hace tanto frío pero aún así estoy que me congelo por el vestido corto que llevo puesto.

Paso la puerta.

Lo primero que noto son unos billares. Inmediatamente me doy cuenta de que los tipos que estan jugando billar levantan la cabeza y nos observan.

Oh my...

A mi derecha, unas mujeres sentadas me miran con odio. No son hermosas. Se ven vulgares y viejas. Al fondo, un video de una mujer bailando...que más bien me recordaba a la tigresa del oriente. Definitivamente Raleigh no son Las Vegas.

¡Joana vamonos ya!

Me di la vuelta y busqué la salida lo más pronto posible antes de que algún obrero me buscara conversación. Sus ojos estaban ya en nosotras, eso de por sí no era un halago.

Salimos.

Salieron algunos de los del grupo. Minutos después salió el resto, incluyendo al Costaricense. Obviamente esos minutos parecieron siglos...

Solo pensé para mis adentros: Cuánta soledad.
Cuán solo se necesita estar para aferrarse a los brazos de una mujer vulgar. Y luego dije: Vulgar o no vulgar, ese no es el punto. El punto es que una sociedad sin esperanza es solo eso, un círculo vicioso. No es el sexo por placer, es el sexo para no estar solo. No es el sexo por experimento...no es el sexo de las películas contemporáneas. No. Es el sexo que obliga, es el sexo que da la falsa ilusión de romper la rutina. No es el sexo libre de los hippies. No es el sexo de las Geishas japonesas. Es el sexo que se vende para que otro que no ha trabajado se gane los pesos. Es el sexo de los pobres que no quieren ver un día más. Es el sexo que resulta de la desesperanza. Ni la puta se levantará con ganas de trabajar, ni el obrero verá un día diferente en el que se sienta mejor que ayer. Solo rutina. "Hoy tiro con una puta, luego mañana voy a trabajar" y así pasan los días. "Trabajo y me lo gasto con ellas"... "trabajo porque no sé hacer más...y trabajo porque sé que no voy a ganar el Nobel y que mis hijos tampoco estudiarán más porque no tengo plata...y no tengo plata porque me la gasto con ellas"

¿Qué dice la prostitua?

Lo ignoro.
Hay quienes dicen que ellas se acostumbran a esa vida fácil.
¿Y quién dijo que eso es fácil?

Bueno, si la profesión ha existido durante tanto tiempo (dicen que es la más antigua del mundo) por algo será. Bien sea porque hay clientes o porque algunas aman su trabajo...o por ambas...o por ninguna...¿Quién soy yo para juzgarlo?

Es que yo no hablo de aquella prepago, modelo de revista. Ni de la que trabaja independiente. No. Yo hablo de la pobre. De la que ha pasado por las duras y las maduras...yo hablo de la que volvieron adicta a las drogas...de la que tiene un jefe que no trabaja...de la que no estudió...o que no habla inglés...o de la que maltrataban cuando pequeña.

No en vano la canción de Bajo Tierra se llama "El pobre"
. Así pasara en las mejores familias.

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