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lunes, 1 de julio de 2013
Adiós, Hebe...
La semana pasada una buena amiga mía se hizo la lipo, mi roommate consiguió un perro y, en el velorio en el que estuve hace un par de días, los temas principales fueron enfermedades y deudas. No. Eso no es lo peor. La prueba reina de que me estoy volviendo una viejita energúmena (en su segunda acepción, por supuesto) consiste nada menos y nada más en el hecho innegable de que este año no fui a Rock al parque.
Llegaron los 30 señores. Adiós bellos días frívolos... adiós...
Y lo peor es que no nos dimos cuenta a qué horas.
¿En qué momento la vida se convirtió en una constante lucha contra el día a día? ¿En qué momento nos dejamos arrastrar por las responsabilidades? ¿o será que siempre han estado allí y hasta ahora las vemos con la suficiente claridad? ¿Será que soy como la señora boba que ilustra Antonio Caballero?
(Hacía mucho tiempo quería subir este magnífico prólogo del libro «Este país»... ahora esperemos que se vea).
(Suspiro)
Dudo que sea la única que se pregunta cómo hacíamos antes para pagar fotocopias, buses... atravesarnos la ciudad solo para dar una clase de veinte mil pesos y aún así nos alcanzaba para tomarnos una que otra pola en el bar más cercano a la universidad o incluso dentro de nuestra adorada madre nutricia.
Todo esto para decirles que me faltan cuatro años para llegar al tercer piso y, sin embargo, parece que he tenido treinta desde que tengo veinticinco... al menos fue mi pequeño descubrimiento después de leer un artículo del Malpensante en el blog de Susana y Elvira. Disfruten, mientras pueden.
jueves, 23 de junio de 2011
Entrada 99 - La primera línea
Tengo un libro que quiero tachar de mi lista de pendientes tan pronto como sea posible. Digo tacharlo no por malo, sino precisamente porque espero que pronto salga de esa lista y entre a la de "leídos". Es un texto que nos leyó parcialmente esta mañana Marta Ruíz, la profe de reportaje, y se llama "La historia comienza: ensayos sobre literatura", de Amos Oz.
Lo único que sé hasta el momento, es que el libro trata de cómo se comienza un texto, lo cual es un problema que todo escritor tiene, y por escritor -al menos en este caso- me refiero a cualquiera que escriba para comunicar una idea.
Desde redactar un simple correo electrónico, hasta hacer un tratado sobre la teoría de la relatividad, estoy segura de algo: en nuestros días, la escritura es importante y más en la llamada sociedad de la información.
Incluso la lectura ha sido un poco "reemplazada", si es que eso puede decirse, por el video y el podcast, pero la escritura ha revivido a través del Twitter, del Facebook, de los blogs y de todas aquellas herramientas que nos permiten expresarnos.
No.
No soy partidaria de que los trinos reemplazarán a los libros y menos a los Dostoievskys. De ninguna manera. Pero sí estoy convencida de que la gente se está animando mucho más a escribir, así sea poquito, con mala ortografía y muchas veces quedándose en la superficie...pero al menos esa "hoja en blanco" puede llenarse sin hacer tantos "cocos" al escritor y burlándose cada vez menos de él. La gente está perdiendo el miedo. La gente se atreve, bien o mal, a mostrar sus ideas, a compartir lo que lee, a compartir lo que escucha, lo que ve, lo que siente que debe ser mostrado.
Todo esto para decirles que aún no sé la fórmula mágica para encontrar esa primera línea, que dudo infinitamente que Amos Oz la haya encontrado (y si la encontró será para mí "El Mago de Oz" por siempre jamás) pero que muero de ganas por leerme el libro y que si alguien lo tiene, me lo pase.
Que gracias ;)
martes, 31 de marzo de 2009
La Cita...
Las gotas de lluvia dibujaban formas abstractas en el cristal del bus.
Había sido uno de esos días en los que no quería llegar a mi casa y, al tener la excusa perfecta para ir a una cita conmigo, me preparé para volver a aquellos planes en los que yo soy la única protagonista. Una parte de mi se sentía libre de un peso incargable. Otra, la más racional, se preguntaba si estaría tomando la decisión correcta.
Cierto es que no soy una mujer fácil. No soy fácil de comprender, no soy fácil de descifrar, no soy fácil de llevar y definitivamente no soy fácil...por esa razón las citas conmigo son un poco abstractas...incluso para mi.
Ella había llamado el día anterior para preguntar cómo seguía:
-"Hagas lo que hagas -me dijo- no te vayas para la casa".
-"Voy a tomarme un café con la persona más importante en mi vida" -le respondí. Tras unos segundos de pensarlo mejor le dije: "voy conmigo misma, pero no voy sola...eso es distinto"
En ésta ocasión la cuestión era diferente. Yo iba a acudir sola a una cita conmigo.
Cuando llegué, empecé a ojear los libros. En ese mismo lugar, habría comprado un libro para alguien tiempo atrás. En ese mismo lugar Laura habría comprado la edición bilingÜe de un libro de algún Rimbaud o algún Baudelaire para Andrés en algún semestre...no era una papelería cualquiera...de alguna manera, mi energía siempre estuvo ahí: en una esquina de ese lugar.
Esta vez algo inusual ocurrió. El empleado de la tienda se me quedó mirando. Yo sentí la necesidad de decirle algo, no de coquetearle ni mucho menos, sino de decirle algo. Sentí algo raro...como aquel extraño impulso de santiguarme cuando paso frente a una Iglesia, no importa que ya no sea tan Católica (y si que lo soy, pero ya no tanto)...
Mi boca no dijo nada. Tenía el impulso, si, pero la mente en blanco. Rápidamente vi el letrero que decía "Literatura Hispanoamericana" y dispuesta a ojear todo lo que pudiera bajé la mirada y empecé a explorar los autores.
"Cohelo, Cohelo, Cohelo, Choprak, Cohelo, Choprak...¿ah?"
Miré de nuevo al empleado, esta vez con una pregunta concreta para hacerle: "Señor ¿esto está bien?"
De antemano sabía que no. Sin embargo, el temor oculto a que se le llame literatura a Cohelo, me invadió. Por un instante mi imaginación voló hasta la tumba de Sor Juana Inés de la Cruz y vi como ella se retorcia en su lecho final...incluso vi como estiraba la mano desde la tierra insulsa gritando "¡PIEDAD! ¿Qué habéis hecho de mi?
Adoro al que viva aún presto me entierra,
a quien buenos poemas hace, odio.
(juuas)"
-"No señorita. estamos cambiando de estantes. La sección de literatura hispanoamericana está por allá" - dijo el empleado.
-"¡Pfiu!"
Así que, empecé mi cita conmigo: libro aquí, libro allá...recuerdo aquí, recuerdo allá...
¿Qué lee la gente? ¿Qué debe leer la gente? ¿Qué debería leer la gente? ¿Quién me lee?
(Suspiro)
Mientras las gotas continuaban cayendo, los mejores títulos me llamaban. Primero me llamó "La Divina Puta", excelente título...solo me hace pensar en una mujer inevitablemente adorada. Una mujer que "peca" pero que a la cual la dominación ya no le afecta. Menos las reglas de una sociedad. Fabiana...Fabiana es un nombre fantásticamente escogido. Tiene la 'b'...como un beso...como cuando uno dice boca, como cuando uno dice vino, como cuando uno dice 'ven'... un nombre perfecto para una puta...lo que me recuerda: "nadie querría una Norma Jean, pero todos querrían una Marilyn Monroe"
Después del libro de Fabiana (que por obvias razone$$$ no compré), me llamó Danielito Samper: el infaltable con: "Viagra, chats y otras pendejadas del siglo XXI"...y si, ya en otras ocasiones había visto el libro, pero nunca me había caido tan a la medida...así que me reí de lo irónica que es la vida y decidí seguir mirando libros.
Segundos después, mi mirada se desvió hacia un libro rosado cuasifosforecente que más bien parecía un manual para conseguir novio: Las Chicas del Riad.
A primera vista, la cosa más superficial del mundo. Sin embargo, al detenerme a mirar la parte de atrás, deseé infinitamente haber tenido esos 42 mil pesos en mi mano y habermelo leído de principio a fin. Decía algo así como: "La Bridget Jones de medio Oriente" "Censurado" "En las primeras semanas el libro llegó a costar diez veces más en el mercado negro de su precio real en las librerías". (Imposible no leerlo antes de que aquí cueste cuatrocientos mil pesos, pensé)
La verdad es que sé muy poco de las mujeres del medio oriente. Supongo que usan faldas hasta los pies, se cubren la cabeza y solo se les ven los ojos, que de hecho es en lo que los hombres se fijan para escojerlas. Eso y nada es lo mismo. No sé si las cambiarán por cabras, no sé si valgan menos que el petróleo...no sé nada. Me declaro ignorante al respecto...pero libros así me hacen pensar que siempre hay alguien que tiene en mente progresar...y siempre habrá alguien que quiera impedirlo.
En resumidas cuentas, mientras las gotas golpean el cristal del bus, pienso que los cambios se dan después de salir con uno. Así como la autora de las Chicas del Rijad pensó en un cambio, como lo que quizá llegó a pensar la Fabiana de Vélez Pareja y como lo que en algún momento pensaré, para cambiar un poco al mundo pero sobre todo, cambiarme un poco a mi.
Gracias.
Había sido uno de esos días en los que no quería llegar a mi casa y, al tener la excusa perfecta para ir a una cita conmigo, me preparé para volver a aquellos planes en los que yo soy la única protagonista. Una parte de mi se sentía libre de un peso incargable. Otra, la más racional, se preguntaba si estaría tomando la decisión correcta.
Cierto es que no soy una mujer fácil. No soy fácil de comprender, no soy fácil de descifrar, no soy fácil de llevar y definitivamente no soy fácil...por esa razón las citas conmigo son un poco abstractas...incluso para mi.
Ella había llamado el día anterior para preguntar cómo seguía:
-"Hagas lo que hagas -me dijo- no te vayas para la casa".
-"Voy a tomarme un café con la persona más importante en mi vida" -le respondí. Tras unos segundos de pensarlo mejor le dije: "voy conmigo misma, pero no voy sola...eso es distinto"
En ésta ocasión la cuestión era diferente. Yo iba a acudir sola a una cita conmigo.
Cuando llegué, empecé a ojear los libros. En ese mismo lugar, habría comprado un libro para alguien tiempo atrás. En ese mismo lugar Laura habría comprado la edición bilingÜe de un libro de algún Rimbaud o algún Baudelaire para Andrés en algún semestre...no era una papelería cualquiera...de alguna manera, mi energía siempre estuvo ahí: en una esquina de ese lugar.
Esta vez algo inusual ocurrió. El empleado de la tienda se me quedó mirando. Yo sentí la necesidad de decirle algo, no de coquetearle ni mucho menos, sino de decirle algo. Sentí algo raro...como aquel extraño impulso de santiguarme cuando paso frente a una Iglesia, no importa que ya no sea tan Católica (y si que lo soy, pero ya no tanto)...
Mi boca no dijo nada. Tenía el impulso, si, pero la mente en blanco. Rápidamente vi el letrero que decía "Literatura Hispanoamericana" y dispuesta a ojear todo lo que pudiera bajé la mirada y empecé a explorar los autores.
"Cohelo, Cohelo, Cohelo, Choprak, Cohelo, Choprak...¿ah?"
Miré de nuevo al empleado, esta vez con una pregunta concreta para hacerle: "Señor ¿esto está bien?"
De antemano sabía que no. Sin embargo, el temor oculto a que se le llame literatura a Cohelo, me invadió. Por un instante mi imaginación voló hasta la tumba de Sor Juana Inés de la Cruz y vi como ella se retorcia en su lecho final...incluso vi como estiraba la mano desde la tierra insulsa gritando "¡PIEDAD! ¿Qué habéis hecho de mi?
Adoro al que viva aún presto me entierra,
a quien buenos poemas hace, odio.
(juuas)"
-"No señorita. estamos cambiando de estantes. La sección de literatura hispanoamericana está por allá" - dijo el empleado.
-"¡Pfiu!"
Así que, empecé mi cita conmigo: libro aquí, libro allá...recuerdo aquí, recuerdo allá...
¿Qué lee la gente? ¿Qué debe leer la gente? ¿Qué debería leer la gente? ¿Quién me lee?
(Suspiro)
Mientras las gotas continuaban cayendo, los mejores títulos me llamaban. Primero me llamó "La Divina Puta", excelente título...solo me hace pensar en una mujer inevitablemente adorada. Una mujer que "peca" pero que a la cual la dominación ya no le afecta. Menos las reglas de una sociedad. Fabiana...Fabiana es un nombre fantásticamente escogido. Tiene la 'b'...como un beso...como cuando uno dice boca, como cuando uno dice vino, como cuando uno dice 'ven'... un nombre perfecto para una puta...lo que me recuerda: "nadie querría una Norma Jean, pero todos querrían una Marilyn Monroe"
Después del libro de Fabiana (que por obvias razone$$$ no compré), me llamó Danielito Samper: el infaltable con: "Viagra, chats y otras pendejadas del siglo XXI"...y si, ya en otras ocasiones había visto el libro, pero nunca me había caido tan a la medida...así que me reí de lo irónica que es la vida y decidí seguir mirando libros.
Segundos después, mi mirada se desvió hacia un libro rosado cuasifosforecente que más bien parecía un manual para conseguir novio: Las Chicas del Riad.
A primera vista, la cosa más superficial del mundo. Sin embargo, al detenerme a mirar la parte de atrás, deseé infinitamente haber tenido esos 42 mil pesos en mi mano y habermelo leído de principio a fin. Decía algo así como: "La Bridget Jones de medio Oriente" "Censurado" "En las primeras semanas el libro llegó a costar diez veces más en el mercado negro de su precio real en las librerías". (Imposible no leerlo antes de que aquí cueste cuatrocientos mil pesos, pensé)
La verdad es que sé muy poco de las mujeres del medio oriente. Supongo que usan faldas hasta los pies, se cubren la cabeza y solo se les ven los ojos, que de hecho es en lo que los hombres se fijan para escojerlas. Eso y nada es lo mismo. No sé si las cambiarán por cabras, no sé si valgan menos que el petróleo...no sé nada. Me declaro ignorante al respecto...pero libros así me hacen pensar que siempre hay alguien que tiene en mente progresar...y siempre habrá alguien que quiera impedirlo.
En resumidas cuentas, mientras las gotas golpean el cristal del bus, pienso que los cambios se dan después de salir con uno. Así como la autora de las Chicas del Rijad pensó en un cambio, como lo que quizá llegó a pensar la Fabiana de Vélez Pareja y como lo que en algún momento pensaré, para cambiar un poco al mundo pero sobre todo, cambiarme un poco a mi.
Gracias.
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